La guerra está afectando la producción de alimentos y la seguridad alimentaria a nivel mundial, impactando no solo a los agricultores, sino también a los trabajadores migrantes, según dijo Máximo Torero a los periodistas en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
«La temporalidad es de vital importancia en este momento; el tiempo apremia y creo que debemos encontrar una solución lo más rápido posible», afirmó en una conferencia virtual desde Roma.
Desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, el tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz ha disminuido un 95%.
En situaciones normales, el 35% del petróleo crudo mundial, equivalente a 20 millones de barriles, junto con el 30% del comercio de fertilizantes y una quinta parte del gas natural licuado, atraviesan cada día este corredor marítimo estratégico.
Como resultado, los agricultores se enfrentan a un «doble golpe» provocado por el aumento de los precios de los fertilizantes y el combustible, dos elementos esenciales para la producción agrícola.
Si se encuentra una solución rápidamente, es posible que los mercados se estabilicen en aproximadamente tres meses. Sin embargo, la situación cambiaría radicalmente si la crisis persistiera.
En el corto plazo, la prioridad debe darse a países como Sri Lanka y Bangladesh, donde actualmente se están cultivando arroz.
Las naciones africanas que dependen de las importaciones también son vulnerables, aunque grandes exportadores como Argentina, Brasil y Estados Unidos también se verán afectados.
En cuanto a la región del Golfo, los precios de los alimentos están aumentando rápidamente en Irán. Aunque el país garantiza aproximadamente el 70% de su propio suministro, el resto se importa.
Mientras tanto, grandes importadores de alimentos como Qatar y los Emiratos Árabes Unidos enfrentarán dificultades, ya que actualmente no hay barcos que lleguen a la región.
Los países del Golfo también acogen a millones de trabajadores migrantes de Asia del Sur y África del Este; los envíos de remesas a sus países de origen podrían disminuir si el conflicto continúa.
Para mitigar la crisis, Torero subrayó la necesidad de encontrar rutas marítimas alternativas a corto plazo y brindar apoyo urgente en la balanza de pagos a las naciones dependientes de las importaciones, antes de la siembra.
A medio plazo, recomienda que los países diversifiquen las fuentes de importación de fertilizantes, fortalezcan el intercambio de reservas a nivel regional y eviten las restricciones a la exportación. A largo plazo, el fortalecimiento de la resiliencia será esencial.
«Debemos otorgar a los sistemas alimentarios la misma importancia estratégica que a los sectores de energía y transporte, invirtiendo en consecuencia para minimizar estos impactos», concluyó.


