Inicio Espectáculos Lily

Lily

12
0

En la portada de la revista Elle, Lily-Rose Depp se abre con sinceridad sobre su relación con su madre, Vanessa Paradis, destacando sus fuertes lazos y sus muchas similitudes. La joven musa de Chanel también habla sobre su complicada adolescencia, marcada por una fase rebelde y la presión asociada a su famosa familia, enfatizando el cambio positivo en su relación actual.

Una relación madre-hija marcada por la complicidad

Muy cercana a Vanessa Paradis, Lily-Rose Depp describe un vínculo basado en la admiración y la similitud. Ella confiesa: «En realidad, somos muy parecidas». Esta cercanía se manifiesta tanto en su estilo como en su manera de ser. De hecho, la actriz a menudo nota similitudes inesperadas. «A veces me escucho hablar o me sorprendo actuando como ella», explica. Este reconocimiento, lejos de preocuparla, la reconforta. Al contrario, agrega con humor: «Me estoy convirtiendo en mi madre», una evolución que recibe con alegría y orgullo.

Con el paso de los años, esta relación se ha fortalecido en torno a una admiración profunda. La joven intérprete insiste en que siempre ha «admirado mucho» a su madre. No se limita a la apariencia o al éxito. De hecho, menciona «su belleza, su estilo, su glamour», pero destaca sobre todo sus cualidades humanas. Ella describe a Vanessa Paradis como «una persona excepcional». De esta manera, su vínculo va mucho más allá de la imagen pública. Gracias a esta complicidad sincera, madre e hija comparten una relación sólida. Por lo tanto, esta cercanía se convierte en un verdadero referente en la vida de la actriz.

Una adolescencia bajo presión pero formativa

Sin embargo, esta armonía no siempre fue tan evidente. Lily-Rose Depp reconoce haber atravesado un período más complejo en la adolescencia. Ella admite: «Pude ser un poco complicada a los 15-16 años». Como muchos jóvenes, experimentó «una fase rebelde». Sin embargo, a pesar de estas tensiones, el vínculo con su madre nunca se rompió. «Seguimos estando cerca», aclara. Sin embargo, este período estuvo marcado por una presión particular. Ser hija de dos artistas famosos inevitablemente conllevaba expectativas y comparaciones constantes, a veces difíciles de manejar a diario. Frente a esta presión, la actriz ha aprendido gradualmente a tomar distancia. Ella menciona «la inevitable comparación» con sus padres, pero ahora se niega a encerrarse en ella. Con el tiempo, afirma: «Me resulta más fácil no tomarme las cosas demasiado en serio». Esta evolución marca un punto de inflexión en su construcción personal. Ella agrega con lucidez: «Uno entiende que no se puede complacer a todo el mundo». Así, elige seguir su propio camino. Hoy en día, esta experiencia la ayuda a avanzar con confianza, manteniéndose fiel a sí misma y a sus ambiciones.