Alors que les sommets de la política exterior se apresuran en advertir sobre los peligros de un ataque estadounidense a Irán, la Casa Blanca está ampliamente convencida de que el presidente Donald Trump podrá manejar las consecuencias de dicho ataque. Esta confianza refleja un patrón que ha moldeado el pensamiento de Trump durante años. El establishment de la política exterior en Washington advierte al presidente sobre ciertas acciones que violan las normas. Él ignora sus consejos y continúa. Y no sufre ninguna repercusión aparente. En 2018, cuando Trump rompió con la política estadounidense al trasladar la embajada de Estados Unidos a Israel en Jerusalén, trabajaba en la Oficina de Asuntos del Cercano Oriente del Departamento de Estado. Nuestros propios expertos burocráticos habían predicho que esta decisión provocaría manifestaciones generalizadas y violencia contra el personal estadounidense, y establecimos grupos de trabajo y planes de evacuación en previsión de un escenario catastrófico que nunca ocurrió. Este escenario se repitió en junio pasado, cuando Trump se unió a los ataques israelíes contra el programa nuclear iraní. Los analistas habían advertido que esta decisión desencadenaría una guerra más amplia y aceleraría la carrera armamentística nuclear de Irán. Una vez más, casi no pasó nada. Cuando la administración destituyó al presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, los expertos insistieron en que su país, e incluso toda la región, caería en el caos, pero hasta ahora no ha sucedido nada.
Fuente: Foreign Affairs, Nate Swanson Traducido por los lectores del sitio Les-Crises.




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