La fecha del 28 de febrero marcó un punto crucial en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, con ataques dirigidos a importantes figuras iraníes, incluyendo al líder supremo Ali Khamanei. A medida que la guerra entraba en su cuarta semana, el general Ali Abdollahi Aliabadi revelaba un cambio en la estrategia iraní hacia una postura más ofensiva.
Por otro lado, críticos demócratas estadounidenses afirmaban que la administración de Trump carecía de un plan definido para la guerra y que el cambio de régimen en Irán no era uno de sus objetivos. En paralelo, el ex jefe del MI6, Sir Alex Younger, reconocía que Irán había demostrado una mayor resiliencia de la esperada en el conflicto.
Mientras tanto, los actos antisemitas aumentaban en Europa, atribuidos en parte a posibles agentes iraníes. La presencia de tropas de élite estadounidenses en la región planteaba interrogantes sobre una posible escalada en el conflicto. La situación actual reflejaba un estancamiento en las operaciones militares, con repercusiones globales en el sector energético y los actos terroristas.
En medio de este escenario incierto, con el estrecho de Ormuz bloqueado y nuevos desafíos emergentes, la comunidad internacional seguía de cerca el desenlace de un conflicto que impactaba a nivel mundial.




