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La ecología de la guerra total

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En la esfera de la suposición, la historia se refracta de maneras inesperadas. Citemos a lo que ocurre en Irán como un eco de las tensiones iniciadas con la invasión de Ucrania en 2022. Desde el cierre de Nord Stream hasta la obstrucción del Estrecho de Ormuz, desde las sanciones contra Rusia hasta la destrucción de infraestructuras energéticas en Medio Oriente, se evidencia un movimiento de expansión de una dinámica similar. El crudo, el gas y otras formas de energía, se configuran como el punto central de un vasto frente donde se dirimen la hegemonía regional, la estabilidad económica, las decisiones industriales y el futuro climático.

En medio del caos bélico, surge una paradoja: ¿podrían las tecnologías energéticas verdes afianzarse como vencedoras en este escenario? ¿Podría, como sugiere Jigar Shah, Donald Trump convertirse en el primer presidente estadounidense en demostrar la eficacia de las energías renovables? La destrucción mutua de activos fósiles por parte de las fuerzas armadas estadounidenses e iraníes en el Golfo, sin duda, representa el mayor evento de aniquilación de capital de combustibles fósiles en la historia. Y no es obra de eco-terroristas que hayan leído las escrituras de Andreas Malm y su controvertido libro sobre sabotear un oleoducto, sino más bien una lucha entre los intereses energéticos de dos potencias fósiles.

La promesa de una estabilidad global basada en la productividad y la interdependencia energética, la «paz de carbono», se desmorona en un proceso de captura de poder, futuro y seguridad por parte de la oligarquía petrolera. El estancamiento de la intervención militar estadounidense en Irán revela una vez más el poder increíble del petróleo y el gas en un contexto de guerra asimétrica.

A medida que estos recursos pasan de ser símbolos de abundancia a convertirse en generadores de caos, inseguridad, intermitencia y escasez, surge la pregunta sobre si estos cambios geopolíticos y económicos conducirán a una transformación radical en la dependencia de los combustibles fósiles. La reactivación de la ecología de guerra tras la guerra en el Golfo redefine y revitaliza la interacción entre energía, poder y clima.

Las transformaciones globales que surgen de estos choques energéticos y alimentarios revelan la fragilidad estructural de nuestras sociedades. Las vulnerabilidades esperan a ser expuestas por acontecimientos como estos. Qué tipo de cambios estructurales y qué tipo de realineamiento político y enfoque institucional pueden surgir en medio de esta turbulencia, es la gran pregunta. En un mundo crecientemente fracturado y peligroso, la ecología de guerra puede convertirse en una fuerza catalizadora para el cambio total.