Inicio España El engaño de la zona horaria nazi en España que aún nos...

El engaño de la zona horaria nazi en España que aún nos roba el sueño

15
0

Durante más de ocho décadas, España ha estado sufriendo de desfase horario en relación con su posición geográfica. Aunque por longitud debería regirse por el Meridiano de Greenwich, el país mantiene la Hora de Europa Central (CET), la misma que utilizan países ubicados mucho más al este.

Esta singularidad ha sido alimentada durante años por una historia persistente: el mito de que esta discrepancia era un gesto del régimen de Franco hacia la Alemania nazi. Sin embargo, la realidad -como suele ser el caso- es mucho más compleja y menos ideológica de lo que se podría pensar.

Pere Planesas, ex astrónomo del Observatorio Astronómico Nacional, le dijo a Euronews que el avance de una hora tuvo lugar en marzo de 1940, cuando el gobierno de Francisco Franco ordenó ajustar los relojes para llevarlos a la par con otros países europeos.

La medida se presentó como provisional, pero nunca fue revertida. Desde entonces, la mayor parte del país vive una hora por delante del sol en invierno y hasta dos en verano, con la excepción de las Islas Canarias. En el oeste de la península, especialmente en Galicia, la diferencia horaria es más evidente: amaneceres tardíos en invierno y puestas de sol que se prolongan hasta bien entrada la noche en verano.

Durante la Segunda Guerra Mundial, adelantar los relojes fue una práctica generalizada en Europa. Ya en 1938, en España, el gobierno republicano adoptó medidas similares para optimizar el uso de la luz. En 1940, el Reino Unido, Francia, Bélgica, Países Bajos y Portugal también ajustaron su horario.

El hecho de que la hora española coincidiera con la hora alemana alimentó el mito de un gesto hacia Adolf Hitler, pero los datos históricos no respaldan esta interpretación. «Al introducir una hora adicional en abril de 1940, la hora legal alemana seguía estando una hora por delante de esos países, incluido España,» explica Planesas, quien pasó muchas horas estudiando los patrones de tiempo antes de jubilarse.

«La interpretación a menudo repetida de que podría haber sido un gesto hacia el gobierno nazi es un engaño», afirma, mientras recuerda que la orden de marzo de 1940 hablaba de ajustar la hora nacional para que coincidiera con otros países europeos que ya habían adelantado sus relojes semanas antes, mientras que Alemania no lo haría hasta abril.

¿Debería España reajustar su horario? Después de la guerra, algunos países volvieron al Tiempo Medio de Greenwich, como el Reino Unido, pero otros, como España y Francia, optaron por mantener la Hora de Europa Central. Una de las razones, según Planesas, fue la necesidad de coordinar el transporte, las comunicaciones y las actividades económicas en un continente en reconstrucción. Compartir la misma zona horaria facilitaba el comercio y la movilidad en un momento clave para Europa.

«En mi opinión, ya no es solo una cuestión científica, sino más bien una convención o un acuerdo adoptado por una sociedad, en la que intervienen muchos factores. Uno esencial es la costumbre,» dice Planesas, quien cree que muchos de los argumentos mencionados anteriormente siguen siendo válidos.

El antiguo astrónomo también señala que, al regirse por el Tiempo de Europa Occidental, España comparte zona horaria con más de la mitad de los países del Viejo Continente y con la mayoría de sus principales socios comerciales. Desde esta perspectiva, mantener el horario actual es «funcional».

«Habría una fuerte presión social para adaptar nuestras actividades habituales a las mismas horas de luz del día -no a las horas del reloj- como lo hacemos actualmente,» sostiene Planesas. «Probablemente terminaríamos en una situación similar a la actual, habiendo sufrido, entre tanto, muchos inconvenientes, complicaciones y disfunciones durante los años de ajuste al nuevo huso horario.»

El impacto en la salud: cuando el reloj biológico protesta Más allá del debate histórico y político, la zona horaria tiene consecuencias directas en la salud. Dario Acuña, Profesor Emérito de Fisiología en la Universidad de Granada (UGR), explica que los seres humanos están biológicamente diseñados para estar activos de día. El reloj biológico, situado en el hipotálamo, regula funciones clave en función de la cantidad y tipo de luz recibida por la retina.

La luz solar diurna, rica en longitudes de onda azules, bloquea la producción de melatonina, mientras que por la noche, cuando desaparece el componente azul, el cuerpo comienza a prepararse para el descanso. El problema, señala Acuña, es la exposición excesiva a la luz durante la noche en primavera y verano, que bloquea crónicamente este proceso.

«Debemos adaptar nuestras vidas y nuestra actividad diaria a la zona geográfica y, por lo tanto, a la cantidad de luz que recibimos, teniendo siempre en cuenta que no deberíamos recibir luz excesiva después de las 20:00,» dijo el profesor de la UGR a Euronews en un comunicado. «Esto es cierto en cualquier área geográfica, porque entonces estamos bloqueando el comienzo de las etapas de descanso que ponen en marcha nuestro reloj biológico.»

Desde su punto de vista, el horario de invierno actual es el que mejor se adapta a la realidad solar de España. Mantenerlo todo el año permitiría una exposición más equilibrada a la luz por la mañana y por la tarde, evitando que la luz se prolongue hasta altas horas de la noche. Esta adaptación, junto con cambios en los hábitos sociales y laborales, podría mejorar los problemas de sueño y otros trastornos asociados con el ritmo circadiano.

«Los españoles se acuestan tarde porque tienen luz hasta tarde, desde la primavera y el verano. Entonces, si nos readaptamos un poco a un horario ligeramente más europeo, podemos mejorar enormemente todos estos tipos de trastornos que tenemos ahora,» concluye Acuña.

Ocho décadas después de que los relojes se adelantaran, España sigue dividida entre la historia, la geografía y la salud. El mito del origen nazi se desvanece al analizar los hechos, pero el efecto de la diferencia horaria española sigue siendo real. En España, las manecillas del reloj no solo marcan la hora: reflejan decisiones políticas del pasado y plantean dilemas muy actuales sobre cómo queremos organizar nuestras vidas.