Por Manuel Pereira, responsable del departamento de accesibilidad de la asociación Valentin Haüy (*)
En la ocasión de la Cumbre de Tarjetas Bancarias a finales de marzo, la asociación Valentin Haüy renueva su compromiso con los actores bancarios, los industriales y los proveedores de soluciones de pago para recordar una evidencia: los dispositivos de pago y los servicios bancarios deben ser accesibles para todos. Ha llegado el momento de avanzar concretamente: la accesibilidad debe ser parte integral de la calidad de un servicio de pago.
Los terminales de pago electrónico (TPE), las aplicaciones de pago en línea, los cajeros automáticos (DAB) e incluso los cajeros automáticos bancarios (GAB) han experimentado una transformación rápida en los últimos años. Por ejemplo, los TPE están evolucionando hacia pantallas táctiles y los sitios de comercio electrónico están proliferando. Si la innovación es bienvenida, con demasiada frecuencia se realiza a expensas de personas ciegas y con discapacidad visual. Hoy en día, cuando un TPE no ofrece botones táctiles ni guía vocal, como suele ser el caso con las pantallas táctiles completamente lisas, algunas personas ciegas o con discapacidad visual se ven obligadas con demasiada frecuencia a revelar su código PIN a un tercero, renunciar a una compra o esperar ayuda externa para poder pagar. De igual manera, cuando una aplicación de pago en línea no es accesible, el proceso de compra de una persona con discapacidad visual se detiene.
La innovación no puede hacerse a expensas de la accesibilidad
Sin embargo, desde 2025, la Ley Europea de Accesibilidad (EAA) impone fuertes requisitos con respecto a la accesibilidad de una amplia gama de productos y servicios, incluidos los TPE y los sitios de comercio electrónico. El objetivo europeo es claro: armonizar los estándares, poner fin a las disparidades y garantizar que cada ciudadano pueda utilizar las herramientas esenciales en su vida diaria.
Esta directiva europea impone interfaces en línea perceptibles y utilizables sin visión, procesos de pago claros y coherentes, terminales físicamente manipulables por todos y la integración de personas con discapacidad desde las fases de diseño.
Ya no se trata de una buena práctica, sino de una obligación legal. Los industriales y proveedores de soluciones de pago que se comprometen hoy están un paso adelante. La asociación Valentin Haüy ha desempeñado durante décadas un papel de referencia en la evaluación y mejora de la accesibilidad. A través de su Centro de Evaluación e Investigación de Tecnologías para Ciegos y Débiles Visuales (CERTAM), prueba, analiza y acompaña a los industriales y proveedores de soluciones de pago para que sus soluciones, tanto hardware como software, desde TPE hasta DAB y GAB, sean verdaderamente utilizables por personas con discapacidad visual.
Trabajamos estrechamente con los actores bancarios, en particular CB, para definir soluciones concretas. Más allá de la obligación legal, la accesibilidad es un verdadero motor para las empresas. Un terminal o una aplicación de comercio electrónico accesible beneficia a todos.
El futuro de los pagos se está construyendo ahora: biometría, tarjetas enriquecidas, soluciones móviles o desmaterializadas. Todos estos dispositivos deben integrar la accesibilidad desde el diseño.
- Porque un medio de pago inaccesible no es un producto completo.
- Porque un proceso imposible de realizar solo es una ruptura de autonomía.
- Porque la accesibilidad no es una opción, sino un derecho.
Animamos a los industriales, fabricantes de TPE, fintech y actores bancarios a hacer de la accesibilidad un pilar de sus innovaciones.
(*) Graduado en derecho de los negocios, Manuel Pereira, ciego de nacimiento, trabajó en un despacho como abogado corporativo durante seis años. Apasionado por el acceso a la información para todos, se interesó desde muy temprano en las nuevas tecnologías para ponerlas al servicio de personas con discapacidad. Así, introdujo en Francia, en 2004, el primer software de vocalización para teléfonos móviles. También participó en la primera versión de RGAA 1 y contribuyó a la creación de Daisy France 2. En 2015, se unió a la empresa Oc&eac





