Desde hace mucho tiempo marginada en los debates energéticos, la energía nuclear está experimentando un regreso estratégico en las políticas públicas en todo el mundo. La combinación de crisis energéticas sucesivas, la volatilidad de los mercados de hidrocarburos y la urgencia climática han modificado profundamente la percepción de esta energía, considerada ahora como una herramienta para conciliar la soberanía energética y la reducción de emisiones de carbono.
La energía nuclear: el 10% de la producción mundial de electricidad
Hoy en día, la energía nuclear representa aproximadamente el 10% de la producción mundial de electricidad, según los datos oficiales de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Además, representa casi una cuarta parte de la electricidad baja en carbono producida en el mundo, un activo importante en la carrera hacia la neutralidad climática. Esta característica la convierte en una energía llamada «controlable», capaz de proporcionar una producción estable, a diferencia de las energías renovables intermitentes como la solar o eólica.
Este reposicionamiento se inscribe en una dinámica política fuerte. En la COP28, más de veinte países apoyaron un ambicioso objetivo: triplicar las capacidades nucleares mundiales para 2050. «Sabemos por la ciencia, la realidad de los hechos y las pruebas que no podemos alcanzar la neutralidad de carbono para 2050 sin nuclear», afirmó John Kerry durante el evento en Dubái. Esta orientación refleja una evolución notable de las estrategias energéticas, donde la nuclear ahora se considera complementaria a las renovables en sistemas eléctricos híbridos.
Una palanca de soberanía
Más allá de los desafíos climáticos, la dimensión geopolítica juega un papel determinante. Las tensiones internacionales y las perturbaciones en las cadenas de suministro han destacado la vulnerabilidad de los estados dependientes de importaciones de energías fósiles. En este contexto, la nuclear aparece como una palanca de soberanía, permitiendo asegurar una producción doméstica de electricidad a largo plazo.
Este renacimiento, sin embargo, conlleva importantes desafíos estructurales. El costo de las infraestructuras sigue siendo alto, con inversiones iniciales que pueden alcanzar varios miles de millones de dólares por reactor. A esto se suman los desafíos de los plazos de construcción, la gestión de los desechos radiactivos y la aceptación social, que continúan frenando algunos proyectos, especialmente en Europa.
Para hacer frente a estas restricciones, la innovación tecnológica está desempeñando un papel cada vez más importante. Los pequeños reactores modulares (SMR) están generando interés. Más compactos, potencialmente menos costosos y más rápidos de implementar, podrían facilitar el acceso a la nuclear para países en desarrollo o redes eléctricas de tamaño mediano. Varios proyectos pilotos están actualmente en desarrollo, respaldados por estados e industriales.
Paralelamente, las instituciones internacionales refuerzan su papel de supervisión. La Agencia Internacional de Energía Atómica sigue siendo un actor central para garantizar la seguridad, la protección y la naturaleza pacífica de los programas nucleares. También apoya a los países que desean adquirir capacidades nucleares, especialmente a través de marcos regulatorios y programas de formación.
La segunda cumbre mundial sobre energía nuclear, organizada el 10 de marzo de 2026 en París por Francia y la AIEA, se inscribe en esta dinámica global. Confirmó la voluntad de una parte cada vez mayor de la comunidad internacional de reposicionar la nuclear como un pilar de los futuros sistemas energéticos, complementario a otras fuentes de energía baja en carbono.
África: un interés creciente pero aún emergente
En el continente africano, el desarrollo de la nuclear civil está en una etapa incipiente, pero las señales de interés se multiplican. Hasta la fecha, solo Sudáfrica cuenta con una central nuclear en funcionamiento, la de Koeberg. Sin embargo, varios países están explorando activamente esta opción para hacer frente al rápido crecimiento de la demanda de electricidad.
Ruanda es uno de los países comprometidos en esta reflexión estratégica y participó en la cumbre de París. El presidente Paul Kagame declaró que «la nuclear diversificará nuestra mezcla energética al tiempo que proporcionará la estabilidad necesaria para el crecimiento industrial y la transformación a largo plazo». Kigali está desarrollando una ambiciosa hoja de ruta, principalmente en torno a las tecnologías de reactores modulares y micro reactores, en colaboración con actores internacionales. El objetivo es diversificar su mix energético y garantizar su suministro a largo plazo.
En un continente donde más de 600 millones de personas aún no tienen acceso a la electricidad según el Banco Mundial, la nuclear podría representar, a largo plazo, una solución complementaria a las renovables para respaldar la industrialización y el crecimiento económico. Sin embargo, su despliegue dependerá de muchos factores: capacidad de financiación, estabilidad regulatoria, habilidades técnicas y aceptación por parte de las poblaciones.





