El gobierno del presidente argentino Javier Milei votó en las Naciones Unidas junto a Estados Unidos e Israel para rechazar una moción que clasifica la esclavitud como un crimen contra la humanidad. Esta decisión, tomada por el ministro de Relaciones Exteriores Pablo Quirno en contra de las advertencias del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha generado una gran reacción negativa de las naciones africanas, aliadas de Argentina en la disputa de las Malvinas, poniendo en peligro décadas de apoyo multilateral y complicando la candidatura del diplomático argentino Rafael Grossi para liderar la Secretaría General de la ONU.
Este incidente ocurrió el pasado jueves en Addis Abeba, Etiopía, y según Página/12, el embajador de Argentina ante la Unión Africana, Juan Ignacio Roccatagliata, se encontró en una posición incómoda y difícil para justificar después de que Mahamoud Ali Youssouf, presidente de la Comisión de la Unión Africana, lo confrontara sobre el voto de la nación sudamericana.
La gravedad de la queja no fue trivial: Argentina se convirtió en uno de los tres países en el mundo que votaron en contra de una resolución que considera la esclavitud como un crimen contra la humanidad, una postura compartida únicamente por Estados Unidos e Israel.
Para las naciones africanas, el tema no es solo uno entre muchos; representa una herida histórica que es una prioridad para su agenda diplomática. Lo que estaba en juego era una alianza estratégica: los países africanos han sido históricamente un pilar crítico de apoyo internacional para Argentina con respecto a su reclamo de las Islas Malvinas. Ahora, ese apoyo, construido a lo largo de décadas, está en grave peligro.




