El conflicto invisible que decide el futuro
El conflicto con Irán muestra una verdad que muchos preferirían ignorar. La guerra del siglo veintiuno no solo se libra con misiles, ataques y flotas. También se libra mediante la presión ejercida sobre los materiales primarios que alimentan las industrias del futuro. El helio, un gas discreto y casi desconocido para el gran público, entra así en la gran partida del poder.
Y quizás sea el hecho más preocupante: mientras el mundo mira las explosiones, los mercados y las cancillerías también deberían mirar lo que no se ve. Porque una guerra puede paralizar un sistema no solo destruyendo una ciudad o cerrando un estrecho, sino también volviendo repentinamente escaso lo que parecía garantizado ayer. En ese momento, la fragilidad de la globalización ya no es una teoría. Se convierte en un hecho.
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