Toda persona que trabaja con la inteligencia artificial conoce esta extraña sensación. Acabamos de delegar una tarea a una máquina, y es como si hubiéramos dejado un poco de nosotros mismos allí. La IA redacta un correo electrónico que juraríamos haber escrito. Realiza una búsqueda siguiendo nuestro propio método. Tiene una idea que podría haber sido la nuestra. En resumen, la IA somos nosotros, o casi.
Andrea Prosperi, coach certificado de Mindful Tech, ha encontrado un nombre para esta sensación: automatismo. Según él, este es el verdadero peligro de la IA. El riesgo no es que nos aniquile o nos robe nuestro empleo. El verdadero peligro es nuestro abandono del pensamiento crítico por conveniencia. Ex empleado de Google (equipo de publicidad, en el corazón del reactor), luego gerente en una agencia que desarrolla herramientas de IA para el marketing, Andrea Prosperi está en primera fila de la revolución digital.
Autor de Mindful Tech y creador de una newsletter en LinkedIn seguida por agencias de creación y brand managers, él sabe de lo que habla. Y cuando se le escucha, se queda impresionado por la lógica de sus argumentos.
El riesgo no es la máquina, eres tú
¿Nos hace la inteligencia artificial más fuertes o más débiles? Según Andrea Prosperi, hay estudios que sugieren ambas posibilidades. «Algunos dicen que delegar en máquinas nos impide pensar. Otros muestran exactamente lo contrario: la IA puede ser un amplificador de las capacidades humanas. Me inclino por la segunda hipótesis: un solo factor marca la diferencia, la actitud con la que se usa la herramienta».
La doble vía del miedo
Sin embargo, hay un aspecto que tendemos a ignorar. Una realidad que los profesionales guardan bien oculta bajo la superficie de la experiencia digital. La IA da miedo. «Aprendí a mi IA a trabajar para mí», dice uno de ellos, que utiliza un asistente personalizado. «Sabe cómo escribo, cómo investigo, cómo pienso. Y ahora, ese conocimiento está ahí, en la máquina, que se entrena conmigo. ¿Me reemplazará, tarde o temprano?»
Andrea Prosperi responde. «El miedo, en general, está relacionado con el temor a no poder hacer algo, a estar en dificultades. Pero las enseñanzas de la meditación en plena conciencia nos dicen que la atención al momento presente siempre es liberadora. La herramienta no puede limitarte, por su propia naturaleza, si eres consciente de cómo la estás utilizando». Esta respuesta puede parecer vaga, pero es sólida filosóficamente: el problema no es que la máquina aprenda de nosotros. El problema es dejar de aprender por nosotros mismos.
La verdadera dependencia que ignoramos
Andrea Prosperi utiliza una metáfora impactante: «Cuando escribimos en ChatGPT, siempre propone nuevas alternativas. Cada alternativa es un estímulo para nuestro mecanismo dopaminérgico: nos hace curiosos, nos mantiene despiertos. Es exactamente la misma lógica que cuando pasamos interminablemente videos en las redes sociales». La trampa no es la IA en sí misma, sino la dependencia de los estímulos externos para regular nuestro propio bienestar. «Si me relajo desplazándome, en realidad no me relajo: estoy más activo. Es una práctica muy peligrosa, sobre la cual no reflexionamos lo suficiente».





