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La ucranianización del conflicto en Medio Oriente

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Los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán el 28 de febrero de 2026 desencadenaron un conflicto sin precedentes desde 1948, marcado por el cierre del estrecho de Ormuz y una serie de réplicas regionales que afectaron a las monarquías del Golfo.

Este conflicto no es una imitación de la guerra en Ucrania: surge de una convergencia estructural por las restricciones de costes de armamentos, drones de bajo coste, saturación de información que genera soluciones tácticas y doctrinales análogas en distintos escenarios.

Irán ha convertido la guerra en una palanca de presión económica mundial a través del cierre de Ormuz, inaugurando un modelo híbrido de conflictividad donde la guerra cognitiva y la erosión económica priman sobre la victoria militar clásica.

El 28 de febrero de 2026, los ataques estadounidenses e israelíes a Irán y la muerte del Líder Supremo Ali Khamenei sumergieron a Oriente Medio en una guerra sin precedentes desde 1948. Treinta y dos días después, el 1 de abril de 2026, el conflicto superó todos los escenarios iniciales: el estrecho de Ormuz ha estado cerrado desde el primer día, 18 barcos civiles han sido atacados, el barril de petróleo supera los 115 dólares, Líbano entró en guerra el 2 de marzo, todas las monarquías del Golfo: Kuwait, Catar, Bahréin, Omán, Emiratos, han sido afectadas, y un nuevo Líder Supremo, Mojtaba Khamenei, confirmó el 12 de marzo el mantenimiento del cierre del estrecho.



La superioridad de los medios ya no produce automáticamente la superioridad de los efectos. En las guerras cognitivas, un video de un dron filmado en el hombro puede superar años de comunicación institucional. El cierre de Ormuz durante 32 días, convirtiendo la economía mundial en un campo de batalla completo, es el signo más tangible de esta mutación. El ultimátum de Trump, pospuesto al 6 de abril, confirma no la fuerza de la posición estadounidense, sino sus limitaciones: ¿quién hace la paz? ¿quién continúa la guerra? La pregunta decisiva ya no es quién gana la batalla, sino quién impone su definición de la victoria. Los actores que lo han entendido no necesariamente tienen las mejores armas, tienen las mejores imágenes.