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No creas todo lo que ves: deepfakes publicitarios utilizan celebridades para crear recomendaciones falsas imposibles de detectar.

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En marzo de 2026, Ashley James, conocida presentadora británica por su compromiso con la aceptación corporal, descubre un anuncio que la muestra promocionando pastillas para adelgazar en el programa This Morning. El escenario, el logo de ITV, su voz, sus expresiones, todo está perfectamente imitado. Sin embargo, ella nunca pronunció esas palabras. Este contenido fue completamente creado por inteligencia artificial.

Los deepfakes publicitarios explotan la confianza que depositamos en rostros conocidos

Los deepfakes publicitarios se basan en una mecánica bien establecida. Los estafadores recopilan horas de videos públicos de una celebridad, entrevistas, programas, publicaciones en redes sociales. Luego entrenan un modelo de inteligencia artificial con estos datos. Este modelo analiza los rasgos faciales, las expresiones, la voz y los movimientos de los labios. En cuestión de minutos, genera un video donde la personalidad parece decir cualquier cosa. Estos sistemas no solo replican la apariencia de una persona, sino que también imitan su comportamiento a lo largo del tiempo.

Según un artículo publicado por Metro, los deepfakes publicitarios, estos videos falsificados generados por IA, están invadiendo las redes sociales a una velocidad que las plataformas luchan por contener. Así, los estafadores visten sus videos con los colores de medios reconocidos. Un set de televisión, un logo de canal, un fondo de noticiero televisivo refuerzan la ilusión de legitimidad. En el caso de Ashley James, el falso anuncio reproducía el escenario y el diseño gráfico de This Morning. De hecho, la confianza humana se basa en gran medida en el reconocimiento visual. Ver a una cara familiar hablar frente a la cámara es suficiente para desencadenar un sentimiento de credibilidad, incluso en personas conscientes de los riesgos.

Los deepfakes publicitarios causan pérdidas financieras masivas y afectan a todos los públicos

Este fenómeno trasciende ampliamente las fronteras británicas. Según un estudio publicado por la empresa de ciberseguridad Surfshark, las estafas relacionadas con los deepfakes generaron más de mil millones de dólares en pérdidas en todo el mundo en 2025. Esto es tres veces más que en 2024. En Francia, un hombre de 82 años perdió 350,000 euros. Había visto un falso anuncio que presentaba al actor Jean Reno promocionando una plataforma de trading. El video parecía auténtico. Los estafadores habían recreado con precisión su voz y expresiones.

Ante este fenómeno, Meta inició en marzo de 2026 varias acciones legales contra anunciantes con sede en Brasil, China y Vietnam. La técnica utilizada se llama «celeb-bait», que significa «carnada de celebridades» en francés. Consiste en explotar la imagen de personalidades públicas a través de montajes hiperrealistas para dirigir a las víctimas hacia páginas fraudulentas. El grupo afirma que su programa ahora incluye imágenes de más de 500,000 personalidades públicas. Sin embargo, las herramientas de detección tienen dificultades para mantenerse al día. Las tecnologías de generación evolucionan más rápido que los sistemas de moderación.

Los deepfakes publicitarios plantean una cuestión fundamental sobre nuestra relación con la imagen

Más allá de las pérdidas financieras, estos contenidos plantean un problema más profundo. Dado que cualquier video puede ser fabricado, la prueba visual pierde su valor. Sin embargo, nuestro cerebro sigue interpretando la imagen como una señal de realidad. Según expertos en ciberseguridad de McAfee, solo el 29 % de las personas se sienten capaces de identificar un deepfake. Sin embargo, hay algunos indicios que pueden ayudar a detectar estos contenidos. Movimientos labiales fuera de lugar, parpadeos anormales o una textura de piel demasiado suave pueden revelar el engaño. Sin embargo, estos defectos desaparecen a medida que las herramientas de inteligencia artificial generativa avanzan.

Para Ashley James, la lección es amarga. Su rostro y su voz se utilizaron para difundir exactamente el mensaje que ha combatido durante años, aquel que dice a las mujeres que deben adelgazar. Su caso al menos ha alertado al público sobre una realidad que los números han estado describiendo durante mucho tiempo. En un mundo donde ver ya no es creer, la vigilancia digital se convierte en una habilidad tan esencial como leer o contar.