Bajo presión, Iraq cambiará su actitud. Después de la bravuconada, el país finalmente acepta el regreso de los inspectores de la ONU a su territorio. La carta de Iraq a Kofi Annan alivia a la comunidad internacional.
Al frente de estas inspecciones: el sueco Hans Blix (ONU) y el egipcio Mohamed El Baradei (AIEA). Después de dos meses, presentan un primer informe: no encontraron nada. La Casa Blanca reacciona: el problema con las armas ocultas es que precisamente no se ven. Louis Michel mantiene su postura: no ve pruebas, sino «expresión de una presunción sostenida».
En medio de Francia, Alemania y Bélgica, el Reino Unido de Tony Blair busca apoyo de los estadounidenses en el continente europeo. Europa se fractura profundamente y sus dudas hacen enojar a gran parte de América, traumatizada por el 11 de septiembre.
Donald Rumsfeld, secretario de Estado de Defensa de Estados Unidos, estigmatiza a Alemania y Francia llamándolas la «vieja Europa».
Más de 20 años después, Louis Michel recuerda su papel como ministro de Asuntos Exteriores belga en 2003, mencionando las enormes presiones: «presiones realmente dolorosas ejercidas por los Estados Unidos, que te hacen sentir lo pequeño e insignificante que eres». Explica que fue víctima de amenazas apenas disimuladas por parte del embajador de los Estados Unidos en ese momento, insinuando que la sede de la OTAN podría ser fácilmente reubicada, entre otras cosas. Según Louis Michel, las presiones constantes y la guerra de desgaste estuvieron a punto de hacer ceder a los alemanes.





