El próximo 12 de abril, las capitales europeas tendrán la mirada puesta en Hungría, donde se juega el futuro político de Viktor Orbán y, por ende, de la Unión Europea. Se llevarán a cabo elecciones legislativas y el primer ministro húngaro, escéptico respecto a la Unión Europea y en el poder desde hace 16 años, está rezagado en las encuestas frente a su adversario, Páter Magyar, eurodiputado de centro-derecha y líder del partido de oposición Tisza.
Una derrota de Viktor Orbán sería una buena noticia para los defensores de la Unión Europea, dado el endurecimiento de la confrontación entre el primer ministro húngaro y las instituciones europeas en los últimos meses, en torno a la guerra en Ucrania.
Viktor Orbán centra su campaña en la hostilidad hacia Ucrania y la UE, un conflicto que el ferviente aliado de Rusia quiere situar en el centro de su campaña, jugando con los miedos.
En las últimas semanas, el líder húngaro ha intensificado aún más su hostilidad hacia Ucrania al utilizar su derecho de veto dentro de los 27 para bloquear el presupuesto europeo de 90 mil millones de euros, del cual los ucranianos necesitan para evitar la quiebra en plena guerra. Orbán justifica este veto acusando a Kiev de retrasar la reparación del oleoducto Druzhba, dañado durante la guerra y esencial para el suministro de petróleo ruso a Hungría.
Hay estrechos vínculos entre el ministro de Asuntos Exteriores húngaro y Moscú, denunciados por el jefe de la oposición y candidato Peter Magyar. En este contexto, la cuestión del Estado de derecho se ha convertido en un tema de confrontación entre Viktor Orbán y Bruselas.
Si Peter Magyar gana, habrá que reconstruir una democracia en Hungría y un Estado de derecho, opinan los expertos. La situación en Hungría requiere vigilancia, ya que, como señala un eurodiputado búlgaro, desde el régimen comunista ha habido una tendencia hacia un Estado profundo que influye en los medios de comunicación, cuestionando la democracia en el país.




