La fracturación hidráulica (también conocida como «fracking» en inglés) consiste en extraer petróleo y gases atrapados en rocas de esquisto poroso, inyectando fluidos a alta presión para fracturarla.
El México pretende reducir su dependencia energética desarrollando la fracturación hidráulica en su suelo, una tecnología criticada por su potencial para extraer hidrocarburos, anunció el jueves la presidenta de izquierda Claudia Sheinbaum. La industria se ha desarrollado mucho en las décadas de 2000 y 2010 en los Estados Unidos y el presidente Donald Trump es un partidario de esta tecnología. Sin embargo, los defensores del medio ambiente han señalado desde hace tiempo que la fracturación hidráulica provoca terremotos y tiene riesgos de contaminación, con un bajo potencial de producción de energía.
Importantes yacimientos de gas
«En el mundo en el que vivimos, México debe asegurar su soberanía y un elemento fundamental es la soberanía energética», declaró Claudia Sheinbaum el jueves, explicando que el 75% del gas consumido por México para la producción de electricidad es importado, principalmente de Estados Unidos. México cuenta con importantes yacimientos de gas no convencional, principalmente en el norte del país, pero esta decisión va en contra de la prohibición del fracking promovida por su predecesor, Andrés Manuel López Obrador (2018-2024).
Sheinbaum justificó su decisión al mencionar «nuevas tecnologías» menos contaminantes que «ofrecen la posibilidad de reciclar agua y no utilizar productos químicos fuertes». Se ha convocado a un grupo de expertos para ayudarla en su decisión final, afirmando su intención de aumentar la producción de energía a partir de fuentes renovables, especialmente la solar.





