Más de 50 años después de Apollo, la misión Artemis II relanza la conquista lunar. Pero detrás de las imágenes espectaculares, el debate está en marcha: ¿logro tecnológico o apuesta costosa en detrimento del interés científico limitado? Análisis de Stéphane Paltani, astrofísico de la Universidad de Ginebra y presidente de la comisión suiza de investigación espacial.
Cincuenta años después de las primeras misiones tripuladas a la Luna, Artemis II impresiona. Enviar cuatro astronautas a la órbita lunar sigue siendo, según Stéphane Paltani, «un logro».
Pero a pesar de las décadas transcurridas, el balance es más matizado: «Se puede decir que la mejora no es extraordinaria», señala el astrofísico de Ginebra. La humanidad aún no ha superado un nuevo hito importante más allá de la Luna.
Los robots lo hacen mejor
En términos científicos, el veredicto es claro. Para Stéphane Paltani, las misiones tripuladas como Artemis II no aportan, por ahora, «ningún beneficio».
¿Las imágenes de la cara oculta de la Luna? Ya han sido tomadas por sondas. ¿Los experimentos científicos? «El 99,99% de ellos son llevados a cabo por misiones no tripuladas», recuerda. Satélites y robots realizan estas tareas con una eficacia mucho mayor y a un menor costo.
Y la factura es salada: alrededor de 4 mil millones de dólares para Artemis II, frente a algunos millones para ciertas misiones robóticas.
Una base lunar… para mañana, quizás
Sin embargo, el objetivo de Artemis va más allá de la simple misión actual. La NASA tiene como objetivo la construcción de una base habitada en la Luna. Ahí es donde podría surgir un interés científico. Instalar instrumentos directamente en el suelo lunar abriría nuevas perspectivas. Pero por ahora, sigue siendo hipotético.
«En el futuro, quizás haya un interés científico», concede Stéphane Paltani. A corto plazo, la misión se relaciona más con la demostración que con la investigación.
Una batalla geopolítica ante todo
Entonces, ¿por qué invertir tanto? La respuesta va mucho más allá de la ciencia. «Veo principalmente cuestiones geopolíticas», afirma Stéphane Paltani. La carrera espacial, heredada de la Guerra Fría, nunca ha desaparecido realmente.
El calendario en sí mismo plantea preguntas: un alunizaje planificado para 2028, en plena época electoral estadounidense. Una coincidencia que habla por sí sola.







