Inicio Ciencia De Bretaña al Mundo: el mar inspira las soluciones agrícolas del mañana.

De Bretaña al Mundo: el mar inspira las soluciones agrícolas del mañana.

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Para el Grupo Roullier, el mar es mucho más que un anclaje histórico: se convierte en un verdadero terreno de innovación para hacer frente a los desafíos agrícolas contemporáneos. En la ocasión de la 3ª edición de sus Premios a la Innovación, el grupo malouino destaca proyectos de todo el mundo, todos unidos en torno a un mismo tema común: explotar los recursos marinos para alimentar la tierra de manera sostenible.

Bajo el tema «De mar a granja», esta edición 2025-2026 ilustra un cambio fundamental en la investigación agronómica. Frente a la necesidad de producir igual o más con menos insumos y en un contexto de mayor presión ambiental, los bio-recursos marinos aparecen como una opción creíble. Microalgas, macroalgas, maerls o subproductos de la pesca y la agroalimentación son palancas para repensar la nutrición de plantas y animales.

Excepcional diversidad biológica

«El mar es a la vez el origen y el futuro de nuestra cadena», resume Thomas Georgelin, director general adjunto del grupo, también miembro del jurado. Una convicción basada en una excepcional diversidad biológica: «Existen cientos de especies de microalgas, numerosas macroalgas. Esta riqueza abre un inmenso campo de exploración.»

Tres proyectos fueron premiados este año, cada uno ilustrando a su manera el potencial de estos recursos. El premio de Exploración fue otorgado a SEA4FEED, liderado por Josée Prates (Universidad de Lisboa), que trabaja en la optimización del cultivo de microalgas ricas en pigmentos. El objetivo: demostrar sus efectos beneficiosos para la salud animal, especialmente en la cría de aves, a través de sus propiedades antioxidantes e inmunomoduladoras.

En una lógica más cercana al mercado, el premio Trampolín fue para MARFERT, desarrollado por Junio Costa (Brasil). Este proyecto tiene como objetivo transformar los residuos de pescado en fertilizantes innovadores, ya sea en forma líquida o microencapsulada. Un enfoque que se alinea perfectamente con la economía circular, valorizando subproductos actualmente subexplotados.

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Finalmente, el premio Joven Talento fue para BIOMAT-MAERL, liderado por Matilde Baruffaldi (Italia). Este proyecto propone cultivar maerl, un alga calcárea, en estanques o en mar abierto, para conciliar la producción agrícola y la restauración de los ecosistemas marinos. Una ilustración concreta de las sinergias posibles entre la agricultura y la preservación de la biodiversidad.

De la investigación al campo

Más allá de los proyectos en sí, es la filosofía del concurso la que marca una evolución. Los Premios a la Innovación no se limitan a premiar ideas: buscan acompañar su transformación en soluciones concretas. «No estamos entregando un cheque. El objetivo es seguir los proyectos, guiarlos para que se vuelvan operativos y adaptados a las realidades del campo agrícola», insiste Thomas Georgelin.

Esta exigencia de concreción estuvo en el centro de los criterios de selección. «Los candidatos han hecho un doble esfuerzo: proponer ruptura, pero también algo tangible. Todos tenían un plan de negocio, una visión clara de implementación, algunos ya eran capaces de estimar las necesidades comerciales», destaca. Un enfoque que refleja un acercamiento cada vez más estrecho entre el mundo de la investigación y el mundo empresarial.

Rendimiento agronómico

Los desafíos están claramente identificados: mejorar el rendimiento agronómico mientras se reduce el impacto ambiental. Salud del suelo, calidad nutricional de los productos, bienestar animal, son dimensiones ahora integradas desde la concepción de los proyectos. «Se ha tenido en cuenta la ecotoxicidad y la vida del suelo. Los candidatos han comprendido que el suelo es la herramienta de trabajo del agricultor», señala Thomas Georgelin.

Otro aspecto destacado es el creciente papel de las restricciones reglamentarias, percibidas ya no como obstáculos, sino como oportunidades de innovación. «Durante las deliberaciones, discutimos mucho sobre estos aspectos. Siempre hay soluciones a encontrar, especialmente a través de asociaciones entre actores públicos y privados. Es un ganar-ganar», considera.

Un incubador científico

Con más de 50 candidaturas de 17 países, esta edición confirma la atracción del programa y el creciente interés en estos nuevos recursos. Para el Grupo Roullier, que se apoya en una red internacional y colaboraciones académicas, estos premios constituyen un verdadero incubador científico capaz de generar innovaciones aplicables a gran escala.

Ediciones anteriores han dado lugar a avances concretos, especialmente en nutrición nitrogenada, con trabajos realizados en colaboración con laboratorios franceses. Prueba de que estos vínculos entre la investigación y la industria pueden llevar a soluciones operativas para los agricultores.

En un contexto en el que la agricultura debe conciliar rendimiento económico, exigencias ambientales y soberanía alimentaria, el mar aparece más que nunca como una fuente de inspiración. Y quizás, a largo plazo, como uno de los pilares de los sistemas agrícolas del futuro.

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