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El rostro de Lilibet revelado por Meghan Markle: ¿por qué nos fascinan tanto los hijos de las estrellas?

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La imagen dio la vuelta al mundo en cuestión de segundos. Una foto de Lilibet Diana, capturada de perfil, compartida por Meghan Markle con motivo del Día de San Valentín. Nada espectacular en sí misma, y sin embargo, la reacción es masiva por parte de los internautas. Según la psicóloga Amélie Boukhobza, esta curiosidad no es casual: toca nuestros instintos más profundos y nuestra relación con la celebridad. El voyeurismo o cómo cruzar la frontera de lo íntimo En el primer nivel de esta fascinación se encuentra una pulsión humana universal, aunque «poco gloriosa»: el voyeurismo. Para Amélie Boukhobza, mirar a estos niños es «entrar en lo íntimo de aquellos que no conocemos… pero que tenemos la sensación de conocer un poco de todas formas». El niño representa el santuario definitivo de una vida privada. Al exponerlo -o al ser sorprendidos- la estrella permite al público cruzar una frontera simbólica. «Es adentrarse en lo más protegido de la vida de estas personalidades», explica la psicóloga. Especialmente cuando el Príncipe Harry y Meghan Markle han elegido romper con la monarquía británica y criar a sus hijos lejos de las miradas. El niño como factor de normalización Si las estrellas viven en una «verticalidad fantasiosa», brillando por su éxito y aura, la llegada de un niño cambia la situación. Los devuelve a la realidad. Ver a Meghan Markle con su hija, es recordar que ella también probablemente experimenta noches cortas, dudas y angustias parentales. «El niño, la familia, el día a día los normalizan. Los hace casi ordinarios», destaca Amélie Boukhobza. Al observar a sus hijos, verificamos que no son tan diferentes de nosotros. Esto reduce la distancia entre su mundo en papel brillante y nuestra realidad cotidiana. La búsqueda de modelos y referentes Esta observación no es solo pasiva, también es utilitaria. En una sociedad en busca de referentes, las celebridades se convierten en brújulas. Escrutamos la educación, la elección de las escuelas o el estilo de vida de los hijos de las estrellas para encontrar modelos. Aquí es donde la identificación se vuelve posible. Buscamos saber «cómo tener éxito en la vida, en la pareja, en la crianza» como si estas figuras prominentes tuvieran la receta de la felicidad. El hijo de una estrella se convierte entonces, a pesar de él mismo, en una guía para nuestras propias elecciones de vida. La continuidad del relato y el fantasía de la descendencia Finalmente, el interés por niños como Lilibet se explica por la noción de transmisión. «El niño es percibido como la extensión de la estrella, asegurando la continuidad de un relato mediático del que somos ávidos espectadores», añade nuestra experta. En una época obsesionada por la imagen, estos niños se convierten en personajes públicos antes de haber podido elegir su destino. Para el público, mirarlos es tener «la ilusión de entrar en su familia» y participar, por procuración, en su historia. ¿Qué revela esta fascinación sobre nosotros mismos? Más allá de simplemente hacer clic en una foto de perfil, nuestro interés por los hijos de las estrellas revela una dificultad para tolerar la opacidad. «Buscamos desesperadamente humanizar a aquellos que hemos colocado en un pedestal para calmar, quizás, una angustia más profunda: la de la valor de nuestras propias existencias», concluye Amélie Boukhobza.