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Por qué Pedro Sánchez nada contra la corriente: los entresijos de una política exterior singular que se niega a alinearse con Trump

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El ex ministro de Relaciones Exteriores español considera contradictorio que Sánchez se niegue, por un lado, a aumentar aún más los gastos en la OTAN mientras reclama, por otro, más autonomía estratégica europea en materia de defensa. «Es como cuando quieres que tu comunidad renueve el ascensor, pero cuando te dicen cuánto cuesta, te niegas a pagar. Los demás tienen derecho a pensar que estás perdiendo credibilidad», lamenta.

«Además, el presidente ha optado por confrontar a Donald Trump y está obsesionado con marcar ostensiblemente sus diferencias con todos aquellos que, a sus ojos, encarnan su espíritu, como cuando nos explica ahora que las grandes empresas tecnológicas quieren dominar el mundo a través de las redes sociales», añade. Una obsesión que, según el exministro, se suma al «gusto pronunciado» de Sánchez por convertir la política exterior «en un asunto personal».

En este punto, García-Margallo denuncia que el presidente modifica unilateralmente desde hace mucho tiempo las grandes líneas de la diplomacia, antes acordadas entre el gobierno y la oposición en reuniones informales celebradas en Madrid cada dos o tres meses, y que ya no se llevan a cabo hoy en día. Decisiones que, según él, ponen en riesgo la línea exterior de España, ya que el consenso en materia de política internacional, no solo entre el gobierno y la oposición, sino también entre el presidente y los servicios diplomáticos, rompe con una regla esencial desde la vuelta de la democracia tras el franquismo.

«Los responsables de los diferentes sectores del Ministerio de Asuntos Exteriores desconocen algunas decisiones, como sucedió con el giro drástico impuesto por el presidente en el Magreb, que rompió el consenso sobre el Sáhara Occidental al mencionar una autonomía marroquí de la antigua colonia española. Hasta ahora, Madrid siempre había defendido una solución negociada en el marco de la ONU, con la celebración de un referéndum. Pero el inesperado giro del gobierno, buscando complacer a Marruecos, provocó una crisis con Argelia.

En España, como en otros lugares, es casi una tradición: los líderes se alejan poco a poco de la política interior, donde los golpes caen, durante su segundo mandato. El exministro considera que este es el caso del actual ocupante de La Moncloa. Según él, Sánchez está convencido de que es «más fácil aparecer donde nadie le cuestiona que ocuparse de los problemas que tenemos en casa».

Considerado, tanto por sus partidarios como por sus detractores, uno de los políticos más audaces de España, el líder socialista llega al poder en 2018 después de derrotar al presidente de la época, Mariano Rajoy, víctima de una moción de censura. Una primicia en la historia de España. Gana sorprendentemente, obteniendo el apoyo de las fuerzas de izquierda, así como de los partidos nacionalistas e independentistas para «reequilibrar las instituciones», después de la condena del Partido Popular por corrupción.

A esta narrativa se ha superpuesto, en los últimos meses, un flujo continuo de controversias judiciales que afectan al círculo más cercano del presidente socialista. La investigación sobre su esposa, Begoña Gómez, por presunto tráfico de influencias relacionado con su actividad profesional y su llegada a La Moncloa, lo lleva a anunciar, en una «carta a los ciudadanos», que se toma unos días para reflexionar sobre si seguirá o no en su cargo. Esta pausa, que termina sin consecuencias políticas, ha llevado a Sánchez a ser apodado «el Rey del Drama» por la revista británica The Economist.