El longe-côte consiste en caminar en el agua, sumergido entre el ombligo y las axilas, aprovechando la resistencia natural, señala con entusiasmo. Este deporte accesible atrae a todas las generaciones, no es necesario dominar la natación ni utilizar equipos complejos, solo se necesita un traje de baño y calzado acuático.
Sufría de lesiones persistentes en la rodilla y buscaba un deporte adaptado. Una amiga le propuso entonces el longe-côte en la bahía de Saint-Jean-de-Luz. Rápidamente adoptó esta actividad que combina cardio y protección de las articulaciones. Ahora se ha unido al club Hendaia Uretan. «No tengo miedo al frío, las clases son todo el año», sonríe. El club cuenta con varios niveles, desde zen hasta competición, con diferentes horarios. Mi motivación proviene de otros miembros del club y de mi compañera Manon Dabin, ¡es un deporte colectivo!
Organización impecable
¿Y cómo combina el entrenamiento con la vida familiar? «¡Con una organización impecable, esa es la clave! No hay lugar para la improvisación, ya que también estoy involucrada en la vida asociativa de Ahetze», afirma.





