La clausura del estrecho de Ormuz actúa como un revelador brutal de las fragilidades estructurales del sistema energético mundial. Para el economista de mercados petroleros Julien Mathonnier, la idea de una completa retirada de Oriente Medio es más un mito que una perspectiva realista a corto plazo. «La cuestión no es si podemos reducir la dependencia, sino si podemos eliminarla. Y la respuesta es no», resume.
El Golfo concentra una parte esencial de las reservas mundiales, lo que hace extremadamente costosa y técnicamente compleja cualquier sustitución completa. Según sus estimaciones, la implementación de una arquitectura energética alternativa requeriría inversiones colosales, potencialmente superiores a varios miles de millones de dólares, para reconstruir infraestructuras a escala global.
La vulnerabilidad no radica tanto en el recurso como en sus puntos de paso. Ormuz, Bab el-Mandeb o el Mar Rojo son cuellos de botella estratégicos. Su bloqueo es suficiente para organizar los flujos energéticos mundiales. En este contexto, los proyectos de corredores alternativos, ya sean ferroviarios, portuarios o a través de oleoductos, no buscan reemplazar al Golfo, sino diversificar las rutas de suministro.
Estas iniciativas, especialmente impulsadas por Turquía o en el marco del corredor India-Medio Oriente-Europa, responden a una lógica de resiliencia. Sin embargo, su viabilidad económica está condicionada a varios factores raramente reunidos simultáneamente en la región: inversiones masivas, tiempo y, sobre todo, una estabilidad política duradera.
Julien Mathonnier destaca que estos corredores podrían beneficiar primero al comercio no petrolero, ya que los volúmenes de hidrocarburos requieren capacidades logísticas mucho mayores. Pero a largo plazo, podrían convertirse en una base para infraestructuras energéticas ampliadas.
En esta recomposición, Israel no necesariamente está marginado. Entre sus ambiciones portuarias y las dinámicas regionales competidoras, el estado hebreo podría, por el contrario, formar parte de este movimiento de diversificación. Una cosa es segura: frente a la multiplicación de crisis, estos proyectos deberían volver rápidamente al centro de las estrategias energéticas mundiales.




