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La diplomacia entre Estados es reemplazada por las relaciones entre señores y vasallos.

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La crisis entre Estados Unidos e Irán revela un cambio importante en la forma de llevar a cabo las relaciones diplomáticas. Ya no son las reglas internacionales ni los diplomáticos los que prevalecen, sino la comunicación directa de los líderes a través de las redes sociales y el envío de emisarios especiales. Un regreso a las relaciones feudales sin la garantía de la palabra dada que solía ser ley en el pasado. La crisis actual en el Golfo Pérsico va más allá del simple enfrentamiento entre Washington y Teherán. Es un síntoma de una transformación profunda en las relaciones entre los estados, un mundo calificado regularmente como más «caótico» y «brutal». De hecho, es el fin de una era en la que la diplomacia imponía canales institucionales para comunicarse, procedimientos como guías para pasar de un estado de guerra a un estado de paz y viceversa.

El orden mundial que está siendo alterado hoy en día no se remonta a la creación de la ONU ni siquiera a la SDN, sino que tiene su origen en el Tratado de Westfalia (1648), que puso fin a la Guerra de los Treinta Años. El estilo de Donald Trump, al frente de la principal potencia mundial, es central: comunica abundantemente a través de las redes sociales, dirigiéndose tanto a sus adversarios iraníes como al público en general. Incluso en Francia, gran país de la diplomacia, el Quai d’Orsay ya no tiene el prestigio que solía tener, ya que el Presidente Emmanuel Macron no oculta su desdén por el oficio de diplomático. Los movimientos actuales en las relaciones internacionales ya no se rigen por procedimientos provenientes de tradiciones diplomáticas ni de organizaciones supranacionales, sino por relaciones personales entre jefes de estado y las impulsiones dictadas por las relaciones de poder, un retorno a una forma de feudalismo donde los más poderosos buscan arrastrar a sus vasallos contra sus rivales.

El papel de la diplomacia es precisamente controlar el ejercicio arbitrario del poder: «Un arte exigente y difícil», como dijo Sir Harold Nicolson. La primacía de las relaciones entre estados, generalmente mantenida a través de canales discretos, es socavada por el uso de «enviados especiales» que a menudo operan de manera opaca. El envío por parte de Donald Trump de asesores para intentar resolver la crisis iraní son ejemplos llamativos de esta evolución actual. El asesinato de adversarios políticos va en contra del derecho internacional, sin embargo, los estadounidenses e israelíes han recurrido a él en Irán y en el Líbano. Este cambio en las relaciones internacionales tiene implicaciones profundas: los vasallos de Washington ya no creen en la palabra de su señor. La principal potencia mundial está debilitando las instituciones internacionales que le permitieron afirmar su dominio en el siglo pasado. Los tweets han reemplazado las disputas de antaño, y esto no es una buena noticia.