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El romance de Orson Welles con la región de Castilla y León de España.

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En una respuesta tan enfática como su propia persona, Orson Welles fue preguntado en 1960 sobre en qué ciudad elegiría vivir. «Ávila», respondió sin dudarlo. Ante la sorpresa del periodista, el cineasta añadió la siguiente explicación: «Está en el centro de España. El clima es horrible, muy caluroso en verano, muy frío en invierno. Es un lugar extraño y trágico. No sé por qué siento algo tan especial al respecto.»

Esta ciudad difícilmente podría devolver el cumplido del director, actor y guionista que revolucionó el cine, el teatro y la radio para convertirse en uno de los grandes genios del siglo XX. A pesar de sus palabras, vivió en la capital fortificada de la provincia que lleva su mismo nombre durante solo unos meses, la duración del rodaje de lo que, en su opinión, fue su mejor obra: «Campanadas a Medianoche» (1965), una película inicialmente despreciada por la crítica, pero que finalmente fue aclamada como «conmovedora, elegíaca y gloriosa.»

Este año se celebra el 60 aniversario de la película de Welles, que representó una inusual inmersión en el universo shakesperiano al combinar varias tragedias del dramaturgo inglés («Las Alegres Comadres de Windsor», «Ricardo II», «Enrique IV» y «Enrique V») con una peculiar reinterpretación del personaje de Falstaff. Filmada en varias ubicaciones españolas, «Campanadas a Medianoche», junto con otros títulos de Welles, nos permite trazar un viaje emocional por los lugares que fomentaron su idilio con las tierras de Castilla y León.

La ruta concluye en la ciudad de Valladolid, que fue precisamente el escenario de una de las escenas más complicadas de «Mr. Arkadin»: un baile de máscaras en el más puro estilo veneciano que tiene lugar en el Colegio de San Gregorio, hoy en día el Museo Nacional de Escultura. Hasta 200 estudiantes universitarios participaron en la secuencia, entre ellos un joven Miguel Delibes, futuro novelista y editor que recibió 10 pesetas y un bocadillo de jamón a cambio.

Se dice que Welles estaba furioso, incapaz de controlar a los estudiantes revoltosos. Y aunque la secuencia, filmada en el patio, el claustro y la monumental escalera, finalmente no fue incluida en la película (algunos dicen que fue aplastada por la censura), siempre es buena idea descubrir esta joya de la arquitectura gótica tardía, que alberga obras maestras como «La Piedad» de Gregorio Fernández, «Santo Entierro» de Juan de Juni y «Magdalena Penitente» de Pedro de Mena.