Por el Dr. Mohamed Chtatou
Introducción

El 28 de febrero de 2026, durante una operación militar conjunta, Estados Unidos e Israel bombardearon varias ciudades importantes en Irán. Desde el lado israelí, la operación fue llamada «León Rugiente», y desde el lado estadounidense, «Furia Épica». Irán respondió ese mismo día con la operación «Promesa Honesta 4». En cuestión de horas, el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, fue asesinado en el ataque. Por primera vez desde la Revolución Islámica de 1979, estalla una guerra abierta y directa entre Israel, Estados Unidos y la República Islámica de Irán. Oriente Medio, ya debilitado por años de tensiones acumuladas, está entrando en una nueva era cuyos contornos siguen siendo inciertos.
Esta guerra no surge de la nada. Proviene de una larga secuencia de escaladas que comienza con el ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, continúa con los intercambios de ataques en 2024, culmina en la Guerra de los Doce Días entre Israel y luego Estados Unidos contra Irán, del 13 al 24 de junio de 2025, y en la operación estadounidense «Martillo de Medianoche» que apunta a las instalaciones nucleares iraníes de Fordo, Natanz e Isfahán. Cada etapa ha modificado los equilibrios, debilitado los mecanismos de contención y reducido el espacio diplomático, al punto de que la confrontación directa se ha vuelto inevitable a los ojos de los beligerantes.
La pregunta planteada por este ensayo es la del alcance histórico y geopolítico de este conflicto: ¿La guerra contra Irán marca el comienzo de un nuevo Medio Oriente? La hipótesis central es que este conflicto marca una triple ruptura estratégica, política y normativa cuyos efectos recompondrán de manera duradera el orden regional. Para responder a esto, este ensayo analizará primero las dinámicas que llevaron a la guerra (I), luego examinará las transformaciones en curso en la región (II), luego cuestionará las implicaciones para el orden internacional y las incertidumbres sobre el futuro (III), antes de actualizar el análisis a la luz de los primeros diecinueve días del conflicto (IV y V).
I. De la «guerra fría regional» a la confrontación abierta: los resortes de un cambio
1.1 Una hostilidad estructural de cuarenta y cinco años
El antagonismo iraní-israelí no es producto de las circunstancias recientes. Los gobernantes de la República Islámica de Irán han pedido desde que tomaron el poder la destrucción del estado de Israel. Jomeini designó a Israel como el «Pequeño Satán» y como un «tumor canceroso» que hay que «borrar del mapa». Esta hostilidad se ha expresado durante mucho tiempo de forma indirecta a través del apoyo iraní a actores no estatales, formando lo que la doctrina iraní llama el «eje de la resistencia». Esta arquitectura de proxy le permitía a Teherán proyectar su poder sin exponerse a una respuesta directa, y a Israel infligirle golpes sin desencadenar una guerra total.
Irán busca expandir su peso político y militar en la región, mientras que Israel intenta limitar esa influencia, especialmente frente al programa nuclear iraní que considera un peligro importante. Así, sin guerra directa durante mucho tiempo, los dos estados han chocado a través de aliados, operaciones clandestinas y tensiones diplomáticas. Desde los años 2000, Israel ha llevado una guerra encubierta contra este programa: as






