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Después de Irán, se reanuda la eterna guerra ruso

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En la Rusia de Vladimir Putin, el cuerpo de expertos en política internacional sabe perfectamente lo que debe decir, pero ya no sabe realmente en qué creer. Estos expertos aún pueden depender de una serie de clichés nacionalistas y mesiánicos que convierten a Rusia en el eterno enemigo de todas las formas de hegemonía mundial, pero sus voces suenan discordantes de manera diferente, arriesgándose a contradecirse de un mes a otro al analizar en tiempo real una política internacional tan cambiante como la de Estados Unidos bajo Donald Trump.

Desde las intervenciones militares en Venezuela e Irán, está claro que la armonía restablecida entre Estados Unidos y Rusia, la que Putin pomposamente celebraba hace un año, ha desaparecido. Al mismo tiempo, gran parte de la retórica del Kremlin y de sus portavoces ha colapsado.

Durante meses, una corriente continua de publicaciones aseguraba al público ruso que Estados Unidos había regresado a la razón, que ya no tenía más objetivo que ocuparse de sus divisiones internas, y que el verdadero enemigo era Europa. Sin embargo, tras Caracas y Teherán, está claro que estos discursos eran simplemente piadosos o tácticas diplomáticas.

El autor, director del Instituto de Economía Militar Mundial y Estrategia de la Universidad de Economía de Moscú, subraya que Trump ha vuelto a la política estadounidense tradicional de cambio de régimen. Según este experto pro-Kremlin, Rusia debe prepararse para una confrontación duradera con Estados Unidos.

Esto implica que Washington se convierte en un adversario geopolítico, y potencialmente militar, de Rusia. A pesar de algunas mejoras en las relaciones bilaterales en el pasado, la dinámica actual parece haber cambiado, y Trump se ha alejado del conflicto Ucraniano.

En resumen, la situación internacional entre Rusia y Estados Unidos es cada vez más tensa, y las relaciones económicas teóricas entre ambos países tienen pocas oportunidades de materializarse en el corto plazo. La imposibilidad de diálogo y cooperación en temas regionales ha llevado a una confrontación directa de intereses globales, tanto en el hemisferio sur como en el Medio Oriente.

Es necesario que Rusia fortalezca sus relaciones con aliados y socios que están bajo presión y amenazas de Estados Unidos. La resistencia de estos países podría frenar la contraofensiva de Trump, ya que América nunca se detendrá por sí misma.