Césarisé para Timbuktu, fiel a Sissako, Amine Bouhafa ofrece hoy la Leçon de música de la Sacem. Una elección que rompe con las costumbres y dice mucho.
Se ha convertido en una cita imprescindible del festival. Cada año, la Sacem organiza la Leçon de música en la sala Buñuel, donde un gran compositor cuenta su profesión, sus partituras, su relación con la imagen. Howard Shore con Scorsese, Philippe Rombi con Ozon, Alexandre Desplat con Del Toro… La filiación es prestigiosa, más hollywoodense que europea. Pero este año, un giro de 180 grados: Amine Bouhafa sube al escenario mañana a las 14h.
Franco-tunecino, de 39 años, conocido por Timbuktu de Abderrahmane Sissako en 2015, el compositor se ha convertido en una de las firmas más singulares del cine de autor contemporáneo. Fiel a Sissako, colaborador de Kaouther Ben Hania (La Voix de Hind Rajab), Philippe Faucon o Katell Quillévéré, ha evolucionado desde los años de los blockbusters hasta ocupar la butaca de la sala Buñuel.
Bouhafa es un pintor del sonido. Un artesano cuya orquesta dialoga con la imagen y en la que se invitan instrumentos del mundo, sin folclore ni exotismo barato. Su música respira, se toma su tiempo, deja espacio al silencio, exactamente lo que demanda el cine que acompaña.
En 2026, confiarle esta sección no es algo insignificante. En un momento en el que el Festival está bajo escrutinio político, Cannes no puede fingir. Invitar a Bouhafa es tomar partido. Sus melodías, sutiles y comprometidas, atravesadas por las grietas del mundo, a menudo dicen más que largos discursos. Se escucha África, el Mediterráneo, el exilio, la resistencia, sin patetismo ni banderas.
Al ofrecerle la sala Buñuel, la Sacem hace más que renovar su elenco: elige una cierta idea del cine. Abierta, porosa, contemporánea. Una idea que mira al mundo tal como es y lo pone en música.





