En 2026, el uso de la inteligencia artificial generativa se ha generalizado, tanto en el hogar como en el trabajo. Una implementación bien controlada pasa por la capacitación y una mejor comprensión de los impactos.
Ya sea buscando información (73%), traduciendo y/o mejorando textos (58%), generando nuevas ideas (57%), ayudando con tareas y aprendizajes (44%), creando contenido (42%) o interactuando con la inteligencia artificial (41%), ahora el 48% de la población francesa declara utilizar IA generativa. Y entre ellos, el 34% lo hace a diario.
Estas cifras, provenientes del «Barómetro 2026 del mundo digital», resuenan con el contenido de esta edición primaveral de la Carta de Innovación en Formación. Donde hace apenas unos meses se trataba principalmente de mostrar alguna herramienta en particular y experimentar con ella, nuestra selección actualmente se enfoca más en la reflexión y la reflexividad.
Formarse de forma gratuita
Esto puede implicar la invitación a formarse, como nos insta la última edición de la carta de seguimiento de IA y Formación de Onlineformapro, en la cual Alan Drabczynski, responsable de proyecto de aprendizaje digital, anuncia la publicación gratuita por Anthropic de 13 cursos para dominar la IA. Para ver cuáles recomienda Alan Drabczynski especialmente a los formadores, ¡haz clic aquí!
«La IA, espejo de nuestras prácticas»
Esto también se refleja en el auge de una literatura rica en experiencias, que compromete a los actores a profesionalizar sus usos. Así, en «La IA, ¿una herramienta para el trabajo social?», manual práctico y ético dirigido a profesionales publicado en febrero por Adrien Guionie, se comienza explicando en qué medida la IA afecta al trabajo social, sin dejar de explorar los riesgos y limitaciones. Luego, detalla en una segunda parte, apoyada en casos de uso, posibles implementaciones de la IA en el trabajo de acompañamiento social. En un momento en el que la redacción profesional tiende cada vez más hacia una «escritura compartida entre humano y máquina», Adrien Guionie dedica una tercera parte a la redacción de informes sociales. Surge la preocupación de que la excelencia formal de la IA no prevalezca sobre la «voz del profesional», lo que implica formar a los trabajadores sociales en la escritura aumentada. Por último, el libro establece una «ética del uso», que pasa nuevamente por la formación, el acompañamiento y la regulación.
Resumidos en el prólogo por Didier Dubasque, ex presidente de la Asociación Nacional de Asistentes Sociales y editor del blog «Escribir sobre y para el trabajo social», las lecciones del libro de Adrien Guionie pueden aplicarse a cualquier profesional del siglo XXI: «el trabajador social debe ser un artesano sin fobia ni pasión por la tecnología. Esta postura delicada requiere madurez profesional: acoger las innovaciones sin dejarse dominar por ellas, cuestionarlas sin rechazarlas sistemáticamente, adaptarlas sin renunciar a la ética de la profesión».





