En Argentina, los productos de mayor valor agregado, como quesos especiales, yogures procesados y postres, han perdido participación en el mercado. Foto de archivo de Juan Ignacio Roncoroni / EPA
BUENOS AIRES, 24 de marzo (UPI) – Argentina, uno de los principales productores de leche de América del Sur, está enfrentando una profunda crisis en su sector lácteo, con cierres de plantas, capacidad infrautilizada y un mercado tenso debido a pagos demorados y despidos.
A pesar de los problemas, la producción nacional de leche el año pasado alcanzó los 11.6 mil millones de litros, el nivel más alto en una década y el segundo más alto registrado. La producción creció un 9.7% con respecto al año anterior, según la Dirección Nacional de Lechería, un organismo gubernamental que recopila estadísticas de la industria.
El contraste destaca un problema estructural. A pesar de la producción récord, muchas empresas no son rentables. Los costos crecientes de insumos y energía, el acceso limitado al financiamiento y los márgenes reducidos han afectado particularmente a las empresas de tamaño mediano y regional.
«El problema central es la falta de rentabilidad», dijo Luciano Di Tella, director de la empresa láctea Yatasto y miembro de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas, a UPI.
«Es un problema grave tanto a nivel de producción en las granjas como en el sector industrial. Esta falta de rentabilidad es el resultado de varios factores. Uno de ellos es la disminución del consumo», afirmó.
Sin embargo, Di Tella señaló que la caída en el consumo no es el problema. Los datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina muestran que el consumo total no ha disminuido bruscamente. En cambio, los patrones han cambiado.
«Se vende más leche en bolsas de plástico o envases de cartón, y más queso blando. Estos son productos que se venden casi al costo, con poco margen», dijo.
En contraste, los productos de mayor valor agregado, como quesos especiales, yogures procesados y postres, han perdido participación en el mercado.
«Las empresas están manteniendo ingresos, pero con productos de bajo margen. Anteriormente, los productos más procesados generaban beneficios», agregó Di Tella.
También señaló que la producción primaria continuó aumentando en el último año, a pesar de las condiciones climáticas adversas en algunas regiones.
«Hubo una producción récord, pero las ventas no siguieron el ritmo», dijo.
Según Di Tella, este desequilibrio ha llevado a mayores inventarios y presión a la baja sobre los precios en el mercado interno, donde se vende aproximadamente el 75% de la leche, reduciendo la rentabilidad en todo el sector.
Los altos costos de producción complican aún más las perspectivas. Di Tella señaló la carga impositiva de Argentina y las ineficiencias de larga data que antes estaban enmascaradas por la inflación.
«Ahora, cada gasto debe ser revisado. Recortar unos centavos en un insumo o mejorar un proceso puede marcar la diferencia», dijo.
El cambio está obligando a las empresas a adaptarse. Muchas no estaban preparadas para este nivel de control de costos, ya que gran parte de su tiempo se dedicaba anteriormente a ajustar precios en un entorno inflacionario. El enfoque ahora se ha desplazado hacia la eficiencia.
Hasta el momento, el impacto en el empleo no ha sido generalizado. La automatización está reduciendo algunos trabajos manuales, pero creando más roles técnicos relacionados con el mantenimiento y supervisión de maquinaria.
Sin embargo, la preocupación está creciendo entre los líderes empresariales.
«Empresas con muchos años de historia han cerrado, y varias otras están en una situación frágil», advirtió Di Tella.
Los representantes de la industria están pidiendo medidas concretas, incluido el acceso al crédito en condiciones razonables para invertir en tecnología, automatización y desarrollo de nuevos productos.
También han expresado preocupaciones sobre impuestos. Di Tella destacó los gravámenes locales, como las tasas municipales de suministro que requieren que los camiones se detengan para trámites administrativos, lo que agrega tiempo y costos.
«A veces, la demora cuesta más que el impuesto en sí», dijo.
Otros impuestos incluyen impuestos sobre ingresos brutos, un impuesto a las transacciones financieras y tasas municipales de seguridad e higiene, que la industria a menudo describe como impuestos ocultos con costos desproporcionados.
También señaló la complejidad del sistema tributario interprovincial de Argentina, donde la retención de ingresos brutos en diferentes jurisdicciones crea un marco fragmentado y difícil que aumenta la presión sobre empresas que ya operan con márgenes ajustados.
La producción láctea está concentrada en la región pampeana, la principal área agrícola y ganadera del país, que incluye las provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires interior. La región alberga grandes empresas, así como muchas empresas de tamaño mediano que producen leche, yogur, queso y otros productos lácteos para mercados internos y algunos para la exportación.
Durante décadas, estas empresas han sido clave para procesar grandes volúmenes de leche cruda, mientras sostienen las economías regionales y generan empleo en localidades pequeñas y de tamaño mediano.
Sin embargo, ese modelo se está debilitando. En los últimos meses, varias plantas han reducido su actividad o han detenido la producción. Sin acceso a financiamiento, algunas empresas están considerando reestructurarse como cooperativas de trabajadores.
En otros casos, la situación es más crítica. Algunas empresas han dejado de operar debido a la falta de insumos o niveles de eficiencia que ya no son sostenibles. Su reapertura sigue siendo incierta mientras esperan nuevos capitales.
La desaceleración también es visible a nivel regional. En la provincia de Santa Fe, la federación industrial local informó una disminución interanual en la producción de más del 10% a principios de 2026, confirmando la fragilidad del sector más allá de las cifras agregadas nacionales.


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