La banca de proyectos de energía renovable en Argentina depende de una combinación de factores técnicos, regulatorios y financieros que deben alinearse desde las primeras etapas de desarrollo.
Esta fue una de las principales conclusiones compartidas por Angie Salom, Gerente de Energía para América Latina y el Caribe (LAC) en FMO, durante una entrevista exclusiva en FES Argentina 2026, donde analizó las condiciones actuales del mercado desde la perspectiva de la banca de desarrollo.
Desde este punto de vista, la evaluación de proyectos comienza mucho antes del cierre financiero, integrando la estructura de financiamiento, la calidad contractual y la solidez de la demanda.
«Comenzamos con la estructura financiera, ya sea financiamiento de proyectos o financiamiento corporativo, y quiénes son los clientes de nuestros clientes», explicó Salom, resaltando que la visibilidad de los ingresos y el perfil de los adquirientes son decisivos.
En los últimos años, la evolución de los acuerdos de compra de energía (PPAs) y los esquemas de incentivos han mejorado la calidad financiera de los proyectos, acercándolos a estándares internacionales.
Sin embargo, la consolidación de este proceso aún depende de la estabilidad de las normas y la capacidad del sistema para apoyar el crecimiento.
En este marco, la infraestructura eléctrica ha surgido como una restricción estructural que afecta directamente la expansión del sector. La disponibilidad de capacidad de transmisión no solo determina la viabilidad técnica, sino que también impacta la estructuración de contratos y la previsibilidad de ingresos.
Esta limitación se vuelve crítica dentro del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), donde la congestión en varios nodos restringe la integración de nueva generación.
En este contexto, los recientes desarrollos regulatorios buscan organizar las operaciones del mercado y proporcionar nuevas señales de inversión. Por un lado, la Resolución SE No. 400/2025 establece los fundamentos de un nuevo modelo de mercado eléctrico, redefiniendo el funcionamiento del mercado a futuro, con un papel más fuerte para los contratos privados entre generadores y grandes consumidores, y reglas más claras para la comercialización de energía.
Por otro lado, la introducción de esquemas como la licitación AlmaGBA ya otorgada (713 MW asignados) y la convocatoria en curso AlmaSADI (que apunta a 700 MW de sistemas de almacenamiento de energía por batería – BESS) introduce nuevas herramientas para gestionar la capacidad del sistema y promover la inversión en almacenamiento de energía, con contratos a largo plazo de hasta 15 años para proyectos que proporcionen flexibilidad al sistema.
Para los financistas, estos instrumentos son críticos ya que reducen la incertidumbre operativa y mejoran la previsibilidad de ingresos, dos variables clave en la evaluación de riesgos.
A pesar de estos desafíos, Argentina continúa posicionándose como un mercado con oportunidades significativas en la región, impulsado por la calidad de sus recursos naturales y el desarrollo logrado en la última década.
«Muchos proyectos se están convirtiendo en financiables, ofreciendo rendimientos y ofreciendo certeza regulatoria y sectorial», señaló Salom, destacando el progreso realizado en consolidar una base de proyectos más robusta.
Este crecimiento ha sido respaldado por la activa participación de instituciones internacionales como FMO, que ha mantenido presencia en el país durante más de diez años, apoyando principalmente proyectos de energía eólica y solar fotovoltaica junto a actores clave del mercado.
El papel de estos bancos va más allá del financiamiento, abarcando la estructuración de soluciones adaptadas a diferentes perfiles de riesgo, combinando instrumentos como financiamiento de proyectos, financiamiento corporativo y emisiones de mercados de capitales.
Además, la colaboración con bancos multilaterales y europeos expande la capacidad de financiamiento y ayuda a distribuir el riesgo, lo cual es esencial para proyectos a gran escala.
Mirando hacia adelante al crecimiento esperado del sector, el principal desafío radica en movilizar el volumen de capital necesario para apoyar el pipeline de proyectos. La escala de inversión requerida necesita activar todas las fuentes de financiamiento disponibles.
«Todas las opciones serán necesarias dada la gran cantidad de proyectos y necesidades de financiamiento», afirmó Salom.
Esto implica no solo atraer capital internacional, sino también fortalecer el mercado local, desarrollar instrumentos financieros y crear condiciones que permitan que el financiamiento se amplíe de manera sostenible.
En este escenario, la evolución del sector de energía renovable de Argentina estará definida por su capacidad para consolidar condiciones de bancabilidad, resolver limitaciones de transmisión y mantener un marco regulatorio que apoye el crecimiento. La alineación de estos factores será decisiva para permitir al país convertir su potencial en desarrollo efectivo.






