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La muerte expone robo de medicamentos psicotrópicos en hospitales argentinos

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La muerte de un joven anestesiólogo en Buenos Aires esta semana expuso un posible escándalo en el sistema de salud de Argentina. El caso reveló el presunto uso indebido de medicamentos hospitalarios y desencadenó una investigación de profesionales de la salud por sospecha de robo de medicamentos.

Según hipótesis iniciales, estas sustancias se redistribuyeron y se consumieron en fiestas recreativas conocidas como «Propofest». Sin embargo, un nuevo incidente relacionado con el robo de medicamentos informado el jueves podría ampliar el alcance de la investigación.

Como parte de la investigación, las autoridades argentinas allanaron la sede de la principal asociación de anestesiólogos en Buenos Aires. El objetivo era recopilar registros y documentos para aclarar la posible distribución irregular de medicamentos como propofol y fentanilo en reuniones privadas sin supervisión clínica.

Los investigadores buscaron registros internos y archivos para determinar si algunos profesionales desviaron medicamentos del sistema hospitalario para uso personal o recreativo.

Según el periódico argentino Perfil, el abogado de la organización dijo que la asociación no está acusada en el caso, ya que actúa como denunciante. También afirmó que la institución se comprometió a cooperar plenamente con el sistema de justicia a medida que avance la investigación.

El caso data del 20 de febrero, cuando se encontró muerto en su apartamento en el barrio de Palermo un médico de 31 años que trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

Según informes iniciales, no se encontraron signos de entrada forzada a la casa o claras indicaciones de presencia de terceros. El cuerpo del médico tenía una línea intravenosa en el pie derecho y una marca de catéter en el izquierdo, lo que sugirió una posible autoadministración de sustancias.

Propofol y fentanilo, dos potentes anestésicos de uso exclusivo hospitalario, fueron encontrados en la escena.

Con base en ese hallazgo, los investigadores rastrearon el origen de los medicamentos hasta el Hospital Italiano de Buenos Aires, un centro médico privado de alto nivel conocido por su prestigio, atención especializada y experiencia médica. Se detectaron escaseces de anestésicos allí, lo que llevó a la apertura de una investigación interna.

Como resultado, dos anestesiólogos fueron acusados: un médico con amplia experiencia y un residente de tercer año. Ambos están bajo sospecha de haber robado y distribuido los medicamentos fuera del entorno hospitalario, aunque el proceso judicial se encuentra en una etapa temprana.

También surgieron nuevas líneas de investigación a partir de mensajes de audio de WhatsApp que comenzaron a circular.

Según estos relatos, los anestésicos se usaban en fiestas privadas conocidas como «viajes controlados» o «Propofests» – reuniones clandestinas en las que se ofrecían las sustancias para uso recreativo y sexual.

Según el medio de noticias Infobae, los asistentes pagaban para experimentar estados de profunda relajación bajo la supervisión de un «controlador». Esta persona tenía la tarea de intervenir en caso de emergencia.

Durante estas reuniones, los participantes administraban los medicamentos por vía intravenosa, mientras otros médicos monitoreaban posibles complicaciones, como problemas respiratorios.

«Esta práctica genera un estado entre el sueño profundo y estar despierto con cierta euforia», explicó Carlos Damin, director del Hospital Fernández y toxicólogo, en LN+. Hizo hincapié en que el propofol produce un efecto particular en el cuerpo y que su administración requiere precisión milimétrica.

También dijo que estos medicamentos están sujetos a estrictos controles dentro de los hospitales.

Los investigadores están tratando de determinar si existió una estructura organizada para desviar medicamentos. También quieren establecer si instituciones como el Hospital Italiano o la asociación de anestesiólogos tenían conocimiento previo de estas prácticas.

Por ahora, se investigan delitos como robo de medicamentos y administración fraudulenta. Sin embargo, los fiscales no descartaron nuevos cargos si se confirma la existencia de una red más amplia dedicada al mal uso de los anestésicos fuera del entorno hospitalario.

La investigación podría revelar un problema más profundo dentro de ciertos sectores de la anestesiología en Argentina. El jueves, el Hospital Municipal de Bahía Blanca reportó la desaparición de alrededor de 25 ampollas de fentanilo.

Según Infobae, la escasez se detectó en el área central de quirófano, donde se almacena la sustancia para diversos procedimientos médicos. Los signos indicaban acceso forzado al área.