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Satélite de Argentina se une a la misión Artemis II de la NASA

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El cohete del Space Launch System (SLS) transportando la cápsula Orion para la misión Artemis II despega desde la Plataforma de Lanzamiento 39B en el Centro Espacial Kennedy en Florida el 1 de abril. Foto: EFE.

Argentina da un salto histórico en la exploración espacial al participar con su microsatélite ATENEA en la misión Artemis II de la NASA, el primer vuelo tripulado a la Luna desde Apollo.

La NASA inició una nueva era en la exploración espacial el miércoles 1 de abril con el lanzamiento de la misión Artemis II. Esta misión crucial marca el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna desde el icónico programa Apollo, un paso crucial hacia una presencia lunar sostenida.

En este contexto, Argentina juega un papel directo y significativo a través de su microsatélite, ATENEA, un desarrollo nacional que se embarcó como parte de la carga científica de la misión.

El lanzamiento, programado precisamente para ayer 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy en los Estados Unidos, anunció el retorno de las misiones tripuladas al entorno lunar. La nave espacial Orion está programada para un vuelo de prueba de aproximadamente diez días. Durante este período, no solo se evaluarán rigurosamente los sistemas críticos de soporte de vida, sino que también se desplegarán estratégicamente varios instrumentos científicos.

Entre estos instrumentos, destacan cuatro CubeSats avanzados. Uno de ellos es ATENEA, un testimonio de la innovación argentina, desarrollado en un período notablemente corto de solo 18 meses. Este rápido progreso se logró a través de un esfuerzo colaborativo que involucró a varias instituciones públicas y principales universidades de todo el país.

ATENEA es un microsatélite compacto, equivalente aproximadamente a dos cajas de zapatos apiladas, que lleva objetivos tecnológicos excepcionalmente ambiciosos. Su creación fue resultado de un importante esfuerzo colaborativo, liderado principalmente por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), con contribuciones clave también de la Universidad de Buenos Aires, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), VENG S.A., el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Dentro de este marco integral, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires desempeñó un papel indispensable y central en el desarrollo de varios componentes críticos para el microsatélite. Estos incluyeron el cargador de batería externo, el medidor de radiación interna y una parte significativa del experimento científico principal, que exhibe las capacidades avanzadas de la universidad en ingeniería aeroespacial.

El satélite argentino no viaja solo en su travesía; viaja junto con otros tres CubeSats internacionales: TACHELES de Alemania, K-RadCube de Corea del Sur y Space Weather CubeSat-1 de Arabia Saudita. Todos estos satélites miniaturizados son transportados dentro del Adaptador de Etapa Orion, un componente estructural crucial que conecta la cápsula Orion con el potente cohete SLS.

Una vez en vuelo, estos microsatélites se liberarán automáticamente a una altitud asombrosa de aproximadamente 70,000 kilómetros de la Tierra. Esta altitud de despliegue establecerá un récord sin precedentes para la actividad espacial argentina, superando con creces las órbitas habituales donde operan típicamente los satélites nacionales. Este logro subraya el creciente poder técnico de Argentina y su capacidad para contribuir a misiones ambiciosas en el espacio profundo.

El objetivo principal de ATENEA en el espacio es la validación rigurosa de tecnologías críticas. Estas tecnologías son indispensables para futuras misiones espaciales, especialmente aquellas que operan en entornos mucho más exigentes y extremos que la relativamente benigna órbita terrestre baja.

Uno de los experimentos clave de ATENEA implica intentar capturar señales de GPS desde una altitud significativamente mayor que la de los propios satélites de navegación. Esto representa un desafío técnico sustancial, y su éxito podría mejorar profundamente los sistemas de posicionamiento para futuros esfuerzos de exploración espacial profunda, proporcionando una navegación más precisa y confiable lejos de la Tierra.

Además, el microsatélite analizará minuciosamente la radiación espacial utilizando sensores de silicio especializados. Estos estudios cruciales tienen como objetivo elucidar cómo la radiación afecta tanto a los componentes electrónicos, vitales para la longevidad de las naves espaciales, como a materiales biológicos simulados. Esta información es absolutamente fundamental para garantizar la seguridad y el bienestar de los astronautas que emprenden misiones espaciales prolongadas, mitigando los riesgos asociados con la exposición a la radiación.

Otro aspecto central de la misión de ATENEA es la comunicación avanzada. El microsatélite se esforzará por validar enlaces de comunicación de largo alcance con estaciones terrestres bajo condiciones donde se espera que las señales sean extremadamente débiles. Esto probará la robustez y eficiencia de nuevos protocolos de comunicación, allanando el camino para transmisiones más confiables y ricas en datos desde futuras sondas espaciales tripuladas.

La participación de Argentina a través de ATENEA contribuye significativamente al esfuerzo global en el avance de las capacidades de exploración espacial.

Autor: Laura V. Mor

Fuente: Pagina 12/ Tiempo Argentino

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