Este artículo es parte de «El giro populista en la diplomacia de las potencias medias», una serie del Centro Carnegie sobre los impactos internacionales del populismo de derecha. Centrándose en las potencias medias, la serie explora cómo los líderes populistas reconfiguran la política exterior, construyen redes transnacionales y promueven agendas compartidas a través de las fronteras.
Introducción Desde el regreso a la democracia en 1983, la política exterior argentina se ha caracterizado por un amplio compromiso con el compromiso multilateral, la coordinación regional y un equilibrio entre la autonomía y la alineación. Si bien los gobiernos difirieron en cuanto a su tono, socios e intensidad de participación, las instituciones internacionales y las relaciones sudamericanas han sido arenas duraderas de acción diplomática.
La elección de Javier Milei en noviembre de 2023 interrumpió este patrón de larga data. Un outsider radical impulsado por un discurso antiestablishment, Milei asumió la presidencia mostrando un marcado desdén por el multilateralismo y el regionalismo, favoreciendo en cambio alineamientos ideológicos y retórica confrontativa. En este sentido, Milei constituye un caso instructivo para los estudiosos del populismo y la política exterior: denuncia al populismo tradicional de Argentina, en particular, su variante peronista, sinónimo de nacionalismo económico y política exterior tercermundista, pero gobierna a través de un estilo personalista y antagonista alineado con los movimientos populistas de derecha contemporáneos.
Esta tensión plantea una pregunta central: ¿Hasta qué punto se puede considerar a Milei como un populista, y cómo ilumina esta clasificación su enfoque de la política exterior? Este artículo examina la política exterior de Argentina bajo Milei a través de las lentes del populismo, los vínculos transnacionales y las agendas políticas compartidas. Argumenta que si bien Milei encarna elementos de una variante libertaria del populismo de derecha, el comportamiento externo de su gobierno refleja un patrón híbrido: gestos ideológicos contundentes, diplomacia intensiva de líder a líder y desvinculación institucional selectiva, combinada con una adaptación pragmática en áreas donde los costos internacionales son prohibitivos.
(continúa con descripción detallada de las políticas y estrategias de Milei en su presidencia)







