Desde el espacio, la Tierra parece completamente conocida. Sus continentes están cartografiados con precisión, sus relieves medidos al metro. Sin embargo, debajo de la superficie de los océanos se extiende un territorio inmenso cuya forma real sigue siendo en gran parte desconocida. La cartografía de los fondos marinos se impone hoy como un desafío científico importante, indispensable para revelar paisajes invisibles que redesfían poco a poco nuestra comprensión del planeta.
Un mundo aún en gran parte desconocido bajo los océanos
Los océanos cubren más del 70% de la superficie terrestre, pero su fondo sigue siendo sorprendentemente poco conocido. Menos de un tercio del lecho oceánico ha sido cartografiado con una resolución suficiente, según los datos recopilados en el marco del programa internacional Seabed 2030.
Esta falta de conocimiento contrasta con las representaciones precisas que tenemos de otros mundos. Los científicos cuentan hoy con mapas más detallados de la superficie de la Luna que de algunas regiones abisales, como indica un análisis publicado por la Universidad de Bristol en The Conversation.
Sin embargo, estas profundidades albergan relieves de una magnitud comparable a la de los continentes. Hay fosas que se sumergen a profundidades extremas, como la fosa de las Marianas, que supera la altura del Everest en casi dos kilómetros. Por otro lado, decenas de miles de montañas submarinas se elevan desde las llanuras abisales. Algunas son tan vastas que su cima emerge en la superficie y forma islas, como ocurre con los edificios volcánicos de Hawái.
La cartografía de los fondos marinos se convierte en una prioridad científica mundial
Para cubrir estas lagunas, los investigadores están multiplicando los enfoques. Los barcos equipados con sonares siguen siendo el método más preciso, pero su cobertura avanza lentamente a escala global. Los satélites ahora aportan una visión complementaria al detectar las variaciones de gravedad provocadas por los relieves submarinos.
Otras técnicas explotan señales indirectas. Por ejemplo, robots derivantes equipados con hidrófonos registran las ondas acústicas producidas por los terremotos o las erupciones volcánicas submarinas. El análisis de estas señales revela cómo las montañas y dorsales modifican la propagación del sonido, permitiendo identificar obstáculos invisibles a lo largo de su trayectoria.
Por qué conocer mejor los relieves submarinos cambia nuestra visión del planeta
El descubrimiento gradual de estos paisajes está transformando el conocimiento en geología y biología. Los montes submarinos a menudo constituyen oasis de biodiversidad, donde se desarrollan corales profundos, esponjas y especies aún desconocidas. Una expedición realizada en la dorsal de Nazca identificó recientemente un nuevo monte de más de 3,000 metros de altura, así como una veintena de especies potencialmente nuevas, según el Schmidt Ocean Institute.
Estos relieves también juegan un papel clave en las dinámicas geológicas. El lecho oceánico se renueva continuamente a lo largo de las dorsales donde se forma la corteza terrestre, mientras que otras áreas se hunden en el manto en las zonas de subducción. Comprender esta arquitectura permite interpretar mejor los terremotos, el volcanismo y la evolución global del planeta.
No obstante, el desafío va más allá de la mera investigación fundamental. Los fondos marinos concentran recursos minerales estratégicos, incluidos nódulos polimetálicos ricos en metales esenciales para baterías y tecnologías energéticas. Al mismo tiempo, las primeras exploraciones revelan la presencia de microplásticos incluso en organismos que viven en las fosas más profundas. Conocer mejor estos paisajes se vuelve indispensable para identificar las áreas a proteger tanto como aquellas susceptibles de ser explotadas, en un entorno cuya amplitud aún queda en gran medida por descubrir.






