La presidente del tribunal correccional, Stéphanie Lochon-Dallet, muestra una foto a los cinco acusados.
«¿Cómo llegamos a esto?» pregunta. En la imagen, se reconoce la cabeza de H., ensangrentada, la nariz rota.
Los hechos se remontan a enero de 2025 y una audiencia preliminar el 9 de marzo pasado permitió revisar los hechos.
Este 8 de enero, es tarde, alrededor de la medianoche, cuando la música invade la pequeña residencia.
Los residentes están acostumbrados a la situación, explican desde el estrado, pero esta vez, no pueden más. Porque ha estado ocurriendo durante meses.
«Esa noche, no podía dormir, así que bajé», explica A.
Llamó a la puerta pero no fue bien recibido, afirma, «Me dieron patadas, insultos, amenazas de muerte», cuenta A., quien luego dice que fue arrojado contra la pared del pasillo.
Alertados por el ruido, otros vecinos bajan y se enzarzan.
El interruptor del departamento está cortado, se intercambian agresiones físicas dentro del hogar de H., afirma este último.
Un vecino menciona «tres pequeños golpes de puño» durante su testimonio, siendo inmediatamente corregido por la presidente, quien muestra nuevamente la foto de la cara magullada de H.
«Dijo que me dieron golpes en la cabeza», afirma este último, explicando también que fue golpeado por un vecino armado con un bambú.
En medio de la confusión general, la pelea continúa en el rellano. Es entonces cuando H. sale de su vivienda con una bomba lacrimógena, la rocía en el rellano y es neutralizado por otro vecino que baja en ese momento.
Difícil determinar quién hizo qué, comentó la fiscal Emilie Taligault al final del relato de esa noche de violencias mutuas.
«Más allá de la gravedad de las lesiones, es difícil encontrar una pena adecuada», continuó la fiscal, todos continúan viviendo bajo el mismo techo desde los altercados, las propuestas de reubicación de H. no han tenido efecto.
La abogada de este último describe relaciones de vecindad que se han deteriorado desde que se anunció la venta de la villa por parte de su propietario, que también es uno de sus vecinos.
«H. no va a soportar esta noticia», comenta su abogada para justificar las molestias nocturnas.
El Tribunal de Grasse condenó este lunes a los seis acusados a multas que van desde los 200 a los 825 euros y penas de prisión de 2 a 4 meses con suspensión y hasta 6 meses con uso de brazalete electrónico.






