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Series y sociedad: comprender su influencia

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Las series se han convertido en un gesto cultural común

Ver una serie ya no es simplemente un pasatiempo nocturno. Se ha convertido en un reflejo cultural compartido, al punto de influir en la forma en que muchos franceses comprenden el mundo, a los demás y a veces a sí mismos.

Esta evolución se inscribe en una transformación más amplia de los usos culturales. El Ministerio de Cultura recuerda que las prácticas digitales han tomado un lugar cada vez más importante en la vida diaria, y que las series se encuentran entre los bienes culturales más consumidos en línea. En 2022, el 86% de los internautas franceses afirmaron consumir bienes culturales en Internet, con las series entre los usos más frecuentes.

Un objeto de ficción, pero también una forma de interpretar la realidad

El punto de partida es simple: ¿qué hace una serie con su espectador? No solo entretenimiento, responden los estudios recientes sobre la recepción de ficciones. Muestran que las series también sirven como marco interpretativo. Ayudan a reconocer situaciones, expresar emociones, poner palabras a relaciones sociales a veces confusas. Este enfoque se centra menos en el guion que en la experiencia del público.

El libro dedicado a este tema se basa en las grandes encuestas sobre las prácticas culturales francesas y en una encuesta cualitativa específica realizada en 2022. Su interés radica en esto: no parte del supuesto de que el sentido de una obra está fijo de una vez por todas. Observa lo que los espectadores realmente hacen con ella.

El primer hallazgo es abrumador. En 2022, el 68,5% de los franceses declararon ver al menos un episodio de una serie una vez por semana. En otras palabras, la serie se ha instalado en la vida diaria de la mayoría. Ya no es solo un marcador de nicho, sino una práctica común, al igual que otras formas de cultura de masas.

Esta banalización importa. Cuando un objeto cultural se vuelve tan frecuente, ya no solo sirve para ocupar el tiempo libre. Estructura conversaciones, referencias comunes y juicios de gusto. También crea puntos de entrada a temas más serios: relaciones familiares, trabajo, desigualdades, violencia, sexualidad, salud mental. La ficción se convierte entonces en un soporte de interpretación de la realidad.

Lo que esto cambia en la vida cultural

El segundo aprendizaje es más político en el sentido amplio: las series muestran que la cultura ya no se limita a las instituciones tradicionales. El televisor sigue siendo importante, pero el consumo también se desplaza hacia pantallas conectadas y plataformas. El Arcom destaca que el consumo de contenidos audiovisuales ahora forma parte de un entorno digital más amplio.

Esta transformación tiene varios efectos. Primero, modifica la relación con el tiempo. La serie se ve en continuo, en diferido, a veces en maratón. Luego, cambia la relación con el conocimiento: el espectador no recibe un mensaje único, construye una interpretación, muchas veces a partir de su experiencia personal. Por último, difumina la frontera entre cultura «legítima» y cultura «popular». Una serie puede ser consumida para relajarse, pero también para reflexionar.

El tercer aprendizaje concierne a la circulación de referencias. Una serie no solo produce emociones, también fabrica un lenguaje común. Algunos personajes, escenas, diálogos se convierten en puntos de referencia compartidos. Es una fuerza social. También puede convertirse en un filtro. Se compara la propia vida con relatos representados, a veces con lucidez, a veces con exceso.

El papel de las plataformas sigue siendo central en esta evolución. Netflix celebró en 2024 sus diez años de lanzamiento en Francia, recordando haber transformado profundamente los hábitos televisivos de los hogares franceses desde 2014. Esta presencia duradera ha contribuido a la normalización de la serie como objeto cotidiano y como producto cultural central.

Entre efecto espejo y efecto de enmarcado

Queda una cuestión delicada: ¿la serie refleja la realidad o la distorsiona? En la práctica, hace ambas cosas. Visibiliza situaciones que muchos reconocen, pero también las simplifica, dramatiza a veces, las hace más comprensibles de lo que son en la vida cotidiana. Precisamente por eso afecta a sus espectadores. No les impone una moral, les propone marcos de comprensión.

Los autores citados en la encuesta hacen hincapié en la recepción. Un mismo programa puede ser percibido como entretenimiento puro, como ficción realista, como un espejo de uno mismo o como una ficción de debate. El sentido no está solo en la obra. Se construye en el uso, en la discusión, en la experiencia del espectador. Es una forma de recordar que una serie no vale solo por su guion, sino también por lo que hace circular en la sociedad.

Esta lectura ayuda a entender por qué las series ocupan ahora un lugar tan importante en la vida cultural francesa. No reemplazan al libro, al cine o al teatro. Se suman a ellos, con su propio poder de adhesión. Y este poder radica tanto en su disponibilidad como en su capacidad para representar vidas, conflictos y emociones que los espectadores pueden reconocer, discutir o cuestionar.

Un terreno a vigilar: la evolución de los usos

El tema no está cerrado. El próximo paso se dará en los propios usos: ¿qué lugar seguirán ocupando las series frente al video corto, los nuevos formatos digitales y la competencia entre plataformas? Las encuestas futuras dirán si esta práctica sigue siendo dominante o si comienza a fragmentarse. Será la verdadera prueba de su lugar en la cultura ordinaria.