“Sin voluntarios, no hay cine”. En Guémené-sur-Scorff, esta máxima es conocida por todos. Desde hace un siglo, en el 13 de la rue Saint-Roch, son ellos quienes hacen latir el corazón del cine. Si eran contados con los dedos de una mano al comienzo de la aventura, hoy son cuarenta los que mantienen en marcha la máquina. Un solo empleado trabaja 24 horas a la semana para la técnica especializada. Pero los voluntarios son quienes rasgan las entradas, limpian la sala y proyectan las películas dos veces al día, los siete días de la semana.
“Como una gran familia”
En la cabina de proyección, Josette es una de las quince manos que hacen posible la magia de la pantalla. Espectadora durante años, se unió al equipo en 2008 después de visitar la sala de proyección. 18 años después, en esta sala con ambiente íntimo, trabaja casi mecánicamente: un clic en la computadora, una marca en el cuaderno. “Es más rápido desde la digitalización”. Testigo de la transición tecnológica, recuerda la época donde la vigilancia era cuestión de seguridad: “Antes, si no vigilábamos el rollo, podía incendiarse. Ahora, tenemos menos trabajo”. Una vez lanzada la película, esta madre de familia espera cinco minutos. La imagen y el sonido funcionan: se va y deja paso al siguiente. “Es como una gran familia. De hecho, mi hija viene de vez en cuando como acomodadora”.
En pleno festival del centenario, Françoise vive el cine desde la sala. Esta antigua doctoranda en cine, retirada y voluntaria desde 2012, asiste fielmente a cada proyección. Ese día, se sumerge en los años 30: un deleite para esta apasionada para quien “descubrir nuevas películas vale más que todo el oro del mundo”.
Su compromiso va más allá de la bienvenida: presidenta de la asociación durante cuatro años y miembro del comité de selección de películas del centenario, editó un folleto histórico sobre el establecimiento. “En mi vida diaria, hago esto y aquello”, bromea. Entre dos proyecciones, sigue haciendo campaña por el cine en su club de Melrand. Esta fidelidad al puesto es la marca distintiva de Guémené. “Una larga lista de miembros lleva 20 o 30 años en el lugar”, pero el mérito principal es de François Le Cunff, condecorado en 2024: 68 años al servicio del cine y una medalla de caballero del mérito cinematográfico.
Reclutamiento activo
Laurent Hervé, el actual presidente, no se engaña: “Sin voluntarios, no podríamos mantener nuestros precios tan bajos. Y sobre todo, el cine no podría seguir existiendo”. Precisamente, el aspecto asociativo es una de las claves del éxito. “Nuestros miembros son figuras locales. François Le Cunff, por supuesto, pero también el ex presidente, Frère Le Gall, quien renovó el establecimiento con su fortuna personal. Los regulares nos reconocen de inmediato”. Françoise confirma: “la máquina está bien engrasada”.
Pero con cuarenta personas trabajando, el paradoja del éxito surge: “Al final, nos vemos muy poco fuera de las reuniones”, explica la retirada. Queda la pregunta sobre el relevo: “¿Habrá suficientes jóvenes para continuar?”.


