Nacido en 1965, Stanislas Dehaene es un profesor en el Collège de France, ocupando la cátedra de psicología cognitiva experimental creada para él en 2005. Dirige la unidad de neuroimagen cognitiva (INSERM-CEA-Université Paris-Sud) ubicada en el centro NeuroSpin de Saclay (Isla de Francia), del cual es director científico desde 2017. Sus investigaciones utilizan métodos de psicología cognitiva y neuroimagen para comprender los mecanismos del cerebro humano. Ha realizado importantes descubrimientos sobre los circuitos de la aritmética, la lectura, el lenguaje hablado y el acceso a la conciencia en el cerebro humano. Miembro de la Academia de Ciencias (2005), la Academia Pontificia de Ciencias (2008) y miembro extranjero de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. (2010), Dehaene es autor de numerosos libros, entre ellos «La bosse des maths» (1997), «Le cerveau en action» (1997), «Les neurones de la lecture» (2007), «Apprendre à lire» (2011), «Le Code de la Conscience» (2014), y otros. Su trabajo ha sido reconocido con el Premio Dr. A.H. Heineken para la Ciencia Cognitiva (2008) y el Premio Brain (2014). Desde 2018, preside el Consejo Científico de la Educación Nacional, encargado de orientar las decisiones del Ministerio de Educación en base a avances de investigación y comparaciones internacionales.
En la gruta de Lascaux, debajo de la pintura de un gran ciervo, se encuentra un dibujo tan discreto como fascinante: un simple rectángulo. Esta figura nos recuerda que el amanecer de la humanidad es también el de la geometría. Antes de esbozar dibujos realistas, los primeros humanos trazaban motivos geométricos en todo el mundo: cuadrados, rectángulos, círculos o espirales, líneas paralelas o perpendiculares. De dónde provienen estos arquetipos comunes a todas las culturas? Es la especie humana la única capaz de dominar la geometría? Y si es así, por qué? Fascinado por las matemáticas, Dehaene busca en el cerebro la fuente de este talento. Según él, cualquier figura geométrica, incluso tan simple como un rectángulo, refleja una característica fundamental de la cognición humana: la capacidad de formar pensamientos simbólicos y construir sobre esa base una pirámide infinita de conceptos. Estas formas son expresiones simples del lenguaje universal del pensamiento con el que todos los cerebros humanos están equipados. Lo que nos distingue de otras especies animales es nuestra facultad de combinar ideas entre sí, y estamos empezando a comprender cómo el cerebro representa el lenguaje, ya sea hablado, matemático o musical. La búsqueda del código neuronal que nos hace una especie única, la «especie simbólica», es una de las cuestiones más apasionantes en las neurociencias contemporáneas.



