Al despuntar el día, el cielo se tiñe de un cálido color naranja y revela en la distancia la suntuosa cúpula del Capitolio, uno de los edificios más emblemáticos del centro histórico de La Habana. Perchados en la cubierta del barco de pesca renombrado GranMa 2.0, en referencia explícita al barco que transportó a Fidel Castro, Che Guevara y otros 80 revolucionarios desde las costas de México hasta Cuba en 1956, los aproximadamente 20 miembros de la flotilla Nuestra América estallan de alegría ante la espectacular vista de la capital cubana.
Entre ellos se encuentra Thiago Ávila, un activista ambiental brasileño. «Es conmovedor ver que esta nación ha sobrevivido al imperialismo estadounidense durante más de seis décadas, observar la movilización internacional a través de diferentes convoyes, llegando en aviones y veleros. Cuba siempre ha sido uno de los líderes del Sur global, ahora nos toca ayudar al país,» dice uno de los principales organizadores y portavoces de este convoy, con un pañuelo palestino sobre los hombros.
Cuatro días antes, conocido por haber embarcado en abril de 2025 en un convoy similar con destino a la Franja de Gaza, partió del puerto de Progreso, en Yucatán, este de México, para entregar 14 toneladas de ayuda alimentaria, médica, 73 paneles solares y una docena de bicicletas a Cuba, recolectadas por varias ONG y por Morena, el partido político de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Aviones fletados desde Europa y Miami, así como dos veleros, brevemente desaparecidos antes de su llegada a La Habana, completan este convoy de cerca de 35 toneladas de ayuda.
Inundados de medicamentos
Al día siguiente, tres camiones imponentes descargan en el hospital pediátrico.





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