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Geopolítica y energía solar, Pakistán lidera en Asia.

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Las tensiones entre Washington y Teherán están afectando los equilibrios energéticos en Asia, donde la dependencia de los hidrocarburos de Oriente Medio se convierte en un riesgo estratégico importante. Ante la fragilidad de los suministros y el aumento de los costos, varios gobiernos están acelerando su transición hacia las energías renovables, con Pakistán como ejemplo inesperado de una transformación rápida y masiva.

El estrecho de Ormuz, una arteria vital para el petróleo mundial, se está convirtiendo en un punto de fricción geopolítica. Las perturbaciones en este paso estratégico, por donde transita más de una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos, ponen a las economías asiáticas en una situación de vulnerabilidad sin precedentes. Para estas naciones altamente dependientes de las importaciones de petróleo y gas natural licuado, el aumento de los costos, las posibles escaseces y la inestabilidad de las cadenas de suministro imponen una reevaluación fundamental de su mezcla energética.

El laboratorio paquistaní

En este contexto tenso, Pakistán emerge como un caso de estudio notable. Un análisis conjunto del Centro de Investigación de Energía, Calidad del Aire y Energías Renovables First revela que la transición solar emprendida por el país le ha permitido ahorrar más de doce mil millones de dólares en importaciones de petróleo y gas entre 2021 y principios de 2026. Esta metamorfosis energética, impulsada en gran parte por los consumidores, es una de las más rápidas jamás documentadas. El país pasó de menos de un gigavatio de paneles solares fotovoltaicos importados en 2018 a más de cincuenta y un gigavatios a principios de 2026.

Las consecuencias en la balanza comercial son tangibles: las importaciones de petróleo y gas cayeron un cuarenta por ciento entre 2022 y 2024. Se espera que la energía solar ahora proporcione el veinte por ciento de la electricidad nacional para finales de año. La amplia difusión de instalaciones en techos, hogares, granjas y fábricas ha provocado una disminución estructural en la demanda de gas natural licuado, lo que ha llevado a la renegociación o reorientación de algunos contratos de suministro a largo plazo hacia los mercados internacionales.

Una toma de conciencia regional

El ejemplo paquistaní resuena en las capitales asiáticas, donde los líderes están intensificando los llamados para acelerar la transición. El presidente surcoreano Lee Jae Myung recientemente advirtió sobre los riesgos recurrentes asociados con la dependencia de los combustibles fósiles. «Esta última guerra en Medio Oriente ha dejado en claro que la transición energética, es decir, el cambio importante a las energías renovables, ya no es una tarea nacional e histórica que se pueda posponer», declaró según Chosun Ilbo.

En Indonesia, el presidente Prabowo Subianto nombró al ministro de Energía Bahlil Lahadalia para encabezar un grupo de trabajo encargado de acelerar la transición hacia energías limpias. La expansión de la energía solar, la geotermia y el biodiesel se encuentran entre las prioridades del gobierno. El archipiélago, cuya participación en energías renovables actualmente se sitúa en el 15,75%, ahora tiene como objetivo llegar al diecisiete al veintiuno por ciento para finales de 2026.

El peso del carbón, obstáculo persistente

A pesar de estas iniciativas, el camino hacia una descarbonización completa sigue plagado de desafíos. La Agencia Internacional de Energía observa que el consumo de carbón en el sudeste asiático está aumentando más rápidamente que en cualquier otra parte del mundo, con una demanda que se espera crezca más de cuatro por ciento al año hasta finales de la década.

Vietnam importó un récord de sesenta y cinco millones de toneladas de carbón en 2025. En varios países de la región, los contratos de compra de electricidad a largo plazo siguen siendo obstáculos jurídicos y financieros para el cierre anticipado de las centrales térmicas. Activistas ecologistas reunidos recientemente en Kuala Lumpur expresaron sus preocupaciones: los altos precios del gas podrían dar a los gobiernos una excusa para prolongar la vida de las instalaciones de carbón. «La expansión del carbón se ha ralentizado en el sudeste asiático. Pero debido a estos altos precios, tememos que levanten la prohibición de expansión», alertó Lidy Nacpil del Movimiento de los Pueblos Asiáticos sobre la Deuda y el Desarrollo.

Una dinámica mundial contrastante

Un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables ofrece, sin embargo, una perspectiva alentadora. La capacidad mundial de energías renovables aumentó a 5,149 gigavatios en 2025, con Asia contribuyendo con el 74,2% de todas las nuevas instalaciones, y la energía solar representando 511 gigavatios, aproximadamente el setenta y cinco por ciento del crecimiento total.

Estos datos confirman la lógica económica de las energías renovables, cuyos costos continúan bajando. La pregunta central, en medio del aumento de las tensiones geopolíticas, es si los países asiáticos más dependientes del carbón podrán transformar esta dinámica en una transición lo suficientemente rápida para garantizar su seguridad energética a largo plazo. La experiencia paquistaní demuestra que una aceleración es posible, pero requiere una voluntad política sostenida e inversiones masivas en infraestructuras de red y almacenamiento.

La crisis actual podría marcar un punto de inflexión en la historia energética de Asia, donde la búsqueda de independencia estratégica ahora se une al imperativo climático. La diversificación de fuentes, con un mayor papel para la solar, eólica y otras tecnologías limpias, parece ser menos una elección que una necesidad frente a la persistente inestabilidad de los mercados de combustibles fósiles.