La guerra de Irán constituye un momento histórico, cerrando el ciclo abierto en 1979 con la caída del sha y la fundación de la República Islámica. Ahora adquiere la forma de una carrera de velocidad en la que se enfrentan, por un lado, la capacidad de Estados Unidos e Israel para mantener los ataques a largo plazo, la resistencia de la economía y los mercados financieros, la movilización de la sociedad iraní y, por otro lado, la habilidad del régimen de los ayatolás para reorganizarse bajo la autoridad del nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, y preservar parte de su aparato de terror. Independientemente de su resultado, el conflicto transformará la geopolítica del Golfo como la historia del siglo XXI, en la que la región ahora ocupa un lugar central.
Durante mucho tiempo marginado por la modernidad y luego confundido con la economía petrolera, el Golfo ha tenido un papel clave en las principales rutas comerciales, desde las caravanas nabateas hasta las nuevas rutas de la seda chinas o el corredor India-Medio Oriente-Europa lanzado en 2023 durante el G20 de Nueva Delhi, pasando por el comercio de especias, la expansión de la dinastía Han, el imperio de la República de Venecia o el Canal de Suez. El Golfo conserva una posición dominante en varios sectores estratégicos para la economía del siglo XXI, incluyendo la energía, el aluminio, los fertilizantes y los plásticos, así como el transporte marítimo.
El Golfo, conocido como la estación de servicio del mundo, se ha introducido de manera impactante en la geopolítica mundial desde 1945. Primero con los choques petroleros de 1973 y 1979, que sumieron a Occidente en la estanflación y enterraron la regulación keynesiana. Luego, con la revolución iraní, que colocó a la religión en el centro de la política y estableció Medio Oriente en una dinámica de inestabilidad y conflictos armados.
Después de casi desaparecer durante la guerra con Irak de 1980 a 1988, que causó cerca de 500,000 muertes, la República Islámica se benefició plenamente del trágico error de Estados Unidos con la invasión de Irak en 2003. Permitió a los ayatolás movilizar los ingresos petroleros del país para fortalecer su posición en la región y el mundo.
Mientras tanto, el Golfo se ha convertido en el nuevo centro del Medio Oriente, tomando el relevo de Egipto o Irak. Las monarquías se han comprometido enérgicamente a sofocar las Primaveras Árabes, interviniendo en Bahréin, apoyando la toma de control de Egipto por el mariscal al-Sissi y lanzando una operación militar conjunta en Yemen en 2015 que resultó desastrosa.
Los países del Golfo se encuentran en una triple encrucijada: política, económica y estratégica. Además, han evolucionado hacia una postura más autónoma, comprometiéndose con países como Estados Unidos, Rusia y China en temas de seguridad, energía, comercio y tecnología. También se han consolidado como una pieza central en la economía global y como un inversor de referencia en Asia y África.
En resumen, la región del Golfo ha experimentado un cambio significativo en los últimos años y su postura autónoma ante los conflictos y alianzas globales ha transformado su papel en la geopolítica mundial.





