El riesgo geopolítico y las tensiones en el suministro de energía refuerzan de manera sostenible las temáticas de independencia energética, defensa y soberanía.
Un mundo estructuralmente inestable El regreso de Donald Trump al poder ha acentuado la polarización geopolítica entre los grandes bloques, en un contexto de crecientes rivalidades por el acceso a los recursos naturales. La situación en el Medio Oriente, ya frágil, se ha vuelto aún más tensa desde los ataques de octubre de 2023. En general, la multiplicación de los choques (geopolíticos, climáticos) refleja una profunda transformación del orden mundial que favorece la emergencia de líderes populistas y refuerza la polarización.
Varios temas de inversión se derivan de esto, que se discuten a continuación.
Independencia energética y el tema nuclear La dependencia de Europa y Asia de los combustibles fósiles es una fuente importante de vulnerabilidad, cuya conciencia se ha reforzado en las últimas semanas.
Durante mucho tiempo frenado por los traumas de Chernóbil y Fukushima, el sector está recuperando gradualmente un papel central en las políticas energéticas, impulsado por una necesidad común: producir una energía estable, baja en carbono y soberana.
En 2022, la Unión Europea integró su taxonomía verde, reconociendo oficialmente su contribución a la lucha contra el cambio climático. Esta decisión abrió el camino para un masivo retorno de las inversiones institucionales en la industria. Francia inició la construcción de seis nuevos reactores, Japón reabrió sus centrales cerradas desde 2011, y más de veinte naciones se comprometieron a triplicar la capacidad nuclear mundial para 2050.
Inseguridad y el tema de la defensa La guerra en Ucrania, las tensiones en el Medio Oriente y el relativo desengaño estadounidense refuerzan la percepción de inseguridad.
En este contexto, la carrera armamentista se intensifica. La decisión de los países miembros de la OTAN de aumentar el objetivo de gastos militares del 2% al 5% del PIB para 2035, inscribe esta dinámica en un largo plazo. Una trajetoria presupuestaria así implica no solo una modernización adecuada de las fuerzas armadas, sino también una inversión masiva en infraestructuras, ciberseguridad, capacidades industriales de defensa e innovación tecnológica.
Además, este aumento de potencia no se limita a las democracias occidentales: todas las grandes regiones, desde Asia hasta Europa pasando por el Medio Oriente, aumentan sus presupuestos de defensa para anticipar un entorno geopolítico más caótico.
Un tema más global: la soberanía El concepto de soberanía abarca los aspectos de defensa e independencia energética mencionados anteriormente, pero también incluye la autonomía digital y la seguridad en el suministro de materiales de salud, alimentación y materias primas.
Es un tema que recibe especial atención en Europa, especialmente tras la crisis sanitaria de 2020 que reveló vulnerabilidades estructurales.
Uno de los diagnósticos más destacados señala el retraso acumulado en materia digital. Mientras otras regiones han invertido masivamente en inteligencia artificial, infraestructuras digitales o fabricación de semiconductores, Europa ha tenido un progreso más lento, traduciéndose en un déficit de innovación y una productividad estancada.
Desde la perspectiva de los mercados financieros, estos temas de inversión son atractivos porque cuentan con un fuerte apoyo de las políticas económicas a largo plazo. En Kepler Cheuvreux, con el respaldo de los equipos de analistas, hemos identificado un conjunto de valores para hacer que estos temas sean invertibles.





