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Pequeños Reactores Modulares (SMR): África frente a la nueva geopolítica de la energía pilotable

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El contenido anterior es un artículo profesional escrito por el Dr. Mohamed H’Midouche, DBA.

La energía se está convirtiendo nuevamente en un arma de poder. El reciente acuerdo entre Estados Unidos y Japón para el desarrollo de Reactores Modulares Pequeños (SMR) por un monto de hasta 40 mil millones de dólares plantea una pregunta crucial para los líderes africanos: ¿Puede África construir una soberanía energética e industrial sostenible sin integrar una energía controlable, segura y financiera, complementaria a las renovables y al hidrógeno? La respuesta va más allá del ámbito energético y afecta la posición del continente en las cadenas de valor industriales del siglo XXI.

El panorama energético mundial está experimentando una transformación profunda. Los SMR ya no son una innovación marginal, sino un factor estructurante de poder. Detrás de su desarrollo se percibe una competencia estratégica en la que las grandes potencias buscan estructurar cadenas de valor completas, desde la tecnología hasta el financiamiento, pasando por la operación, el mantenimiento y la formación.

En este contexto, África ya no puede ser simplemente un espacio de implementación. Se enfrenta a una elección determinante: participar en esta reconfiguración o verse afectada por sus desequilibrios. La cuestión no es solo energética, es también industrial, geopolítica y soberana.

Los sistemas energéticos eficientes actualmente se basan en una combinación inteligente de varias fuentes. Las energías renovables ofrecen una abundancia innegable, pero su intermitencia limita su capacidad de sostener por sí solas una industrialización sostenible. Los SMR aportan una energía controlable que puede estabilizar las redes y alimentar las actividades industriales. El hidrógeno, por su parte, permite almacenar energía y convertirla en un vector industrial, abriendo el camino a nuevas cadenas de valor.

En esta complementariedad se construye la soberanía energética. Este enfoque integral de los desafíos energéticos no es nuevo. Amplía análisis formulados anteriormente, destacando que los SMR no son una alternativa a las energías renovables, sino un complemento estructurante en un enfoque integrado del mix energético africano.

El desafío africano sigue siendo considerable. Más de 600 millones de africanos aún carecen de acceso a electricidad fiable, a pesar de que la demanda energética del continente debería duplicarse para 2040. En estas condiciones, el objetivo no es solo ampliar el acceso a la electricidad, sino también construir sistemas energéticos capaces de respaldar la industrialización, la transformación local de los recursos y el desarrollo de infraestructuras críticas.

Sin una base energética estable, las ambiciones africanas en refinación, metalurgia, transformación agroindustrial, centros de datos, desalinización del agua de mar o producción de hidrógeno verde seguirán siendo frágiles. La energía es menos un sector que una condición necesaria para la transformación estructural del continente.

En esta dinámica, el papel de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) es central. Más allá de su misión normativa, la AIEA acompaña a los estados en la estructuración de sus programas nucleares civiles, fortaleciendo los marcos regulatorios, desarrollando habilidades y garantizando el cumplimiento de estándares internacionales de seguridad, protección física y no proliferación.

Para los países africanos, este acompañamiento es un factor determinante de credibilidad, tanto para inversores como para socios tecnológicos. También es esencial para preparar el capital humano, auditar las infraestructuras, definir los requisitos regulatorios y planificar las etapas de un eventual programa de SMR con método y prudencia.