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La geopolítica, nuevo marco de actividad de las empresas

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Durante años, la geopolítica no fue realmente una preocupación para la mayoría de las empresas. El campo estaba reservado para analistas, tomadores de decisiones políticas y multinacionales con intereses lejanos. Esa época ha pasado. En la actualidad, la geopolítica no es un factor externo, sino el marco en el que las empresas operan y, en algunos casos, deben garantizar su continuidad.

La creencia de que el riesgo siempre se manifiesta de manera visible y medible persiste. En la práctica, a menudo es lo contrario. Los primeros signos de tensión generalmente no se reflejan en los resultados trimestrales o los márgenes, sino en las condiciones impuestas por los aseguradores y en la actitud de los prestamistas. Ignorar estas señales a menudo significa quedarse rezagado. Las empresas que esperan a los indicadores financieros están, por definición, rezagadas.

Lo que distingue fundamentalmente el entorno actual no es solo el aumento de los riesgos, sino su naturaleza más difusa y sistémica. Centrarse en los daños materiales, como una fábrica, un barco o una instalación, oculta la imagen completa.

La mayor parte del impacto proviene cada vez más de las perturbaciones: mercancías que no llegan o llegan demasiado tarde, retrasos en contratos, pagos tardíos. Rara vez se trata de fallas espectaculares, sino de una sucesión de infracciones que desequilibran lentamente a las empresas.

Es en esta área donde radica el riesgo. Este tipo de perturbaciones no solo afecta la actividad, sino también la confianza entre socios, en las cadenas y en los mercados. Las tensiones sobre la liquidez suelen ser el primer signo visible, antes de que el impacto operativo se manifieste completamente.

Paralelamente, la forma de evaluar el crédito está evolucionando. Las actuaciones históricas siguen siendo importantes, pero relativamente menos. Los financieros prestan cada vez más atención a señales actuales, como el comportamiento de pago, la transparencia en la cadena, la flexibilidad en los contratos y las estructuras.

Esto crea una nueva realidad donde la información se convierte en una ventaja competitiva real. Las empresas capaces de definir claramente sus riesgos y respaldarlos generalmente tienen un acceso más fácil al capital. Por el contrario, para aquellos que no pueden hacerlo, las condiciones se endurecen más rápidamente y el financiamiento se vuelve más costoso.

Es crucial que surja un nuevo concepto estratégico: la asegurabilidad. Mientras que el seguro solía ser el último paso en una decisión, tiende a convertirse en un requisito previo.

No todos los riesgos son transferibles. Cada actividad no es asegurable en todas las circunstancias. Esto impacta directamente en la viabilidad de ciertos proyectos y transacciones. Las empresas que subestiman este aspecto enfrentarán costos más altos y podrían verse obstaculizadas en su capacidad de acción.

En este contexto, el papel de soluciones como el seguro contra riesgos políticos también está evolucionando. Lo que solía ser un mercado de nicho ahora se ha convertido en un elemento esencial y un pilar estratégico. No solo actúa como una red de seguridad, sino como un catalizador: un medio para facilitar transacciones, inversiones y proyectos.

La actitud de espera se convierte en un riesgo por sí sola. Cuando la situación global se vuelve más clara, los mercados suelen ajustarse y parte de la flexibilidad desaparece.

La geopolítica ya no es un riesgo aislado entre otros. Es el marco más amplio en el que se basan todas las decisiones operativas, financieras y estratégicas. Las empresas que toman conciencia de esto amplían su campo de acción. Los demás siguen jugando el mismo juego cuyas reglas han cambiado.

Jelle Cortoos, Jefe de Crédito Estructurado y Fianza, BeLux, Aon.