Después de los Brics, llegan los Cubita. Este nuevo acrónimo fue creado por el club Demeter, el ecosistema especializado en asuntos agrícolas y alimentarios estratégicos, para referirse a las potencias agrícolas del futuro: Cubita, que representa a la República Democrática del Congo (RDC), Ucrania, Brasil, Indonesia, Turquía y Australia.
Esta es una de las principales novedades de Demeter 2026, la 33ª edición de esta obra de referencia de 400 páginas que involucra a unos cincuenta autores contribuyentes, publicada en febrero en asociación entre el club Demeter y el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris).
Estos seis países representan hoy en día «10 % de la población mundial, 15 % de las tierras emergidas del globo y sobre todo 30 % de las exportaciones agrícolas del planeta». «Nos parecen ser estados pivote para los próximos años», «un hexágono geopolítico que hay que vigilar», explica Sébastien Abis, investigador asociado en Iris y presidente del Club Demeter, durante una conferencia de prensa de presentación del trabajo.
Lo que les define menos es su peso actual que en su posible trayectoria futura: «están expuestos a posibles cambios en el ámbito agrícola, geopolítico, climático. A través de sus elementos estructurantes, tendrán una influencia desproporcionada en los equilibrios agrícolas y alimentarios mundiales del futuro, para bien y/o para mal».
En otras palabras, «si estos estados fallan, se convertirán en multiplicadores de crisis e inestabilidad», mientras que «si se desarrollan, serán motores de la seguridad alimentaria mundial y de las transiciones climáticas».
Una batalla geopolítica se vislumbra en torno a Ucrania
Un ejemplo destacado es Ucrania, «uno de los territorios más estratégicos del planeta, especialmente en lo que respecta a los temas agrícolas, energéticos y, por supuesto, geopolíticos», comenta Arthur Portier, analista de Argus Media.
Destaca la fuerte resiliencia del sector agrícola ucraniano a pesar de la guerra. En cuanto a la producción, «los ucranianos han mantenido su posición como una gran potencia agrícola en el tablero».
En cuanto a la logística, han logrado «una hazaña»: «a pesar de los puertos bloqueados y las carreteras cortadas, Ucrania se reinventó para asegurar su papel de cruce vital en la seguridad alimentaria mundial» y el Danubio se convirtió en una verdadera autopista comercial para los cereales.
Sin embargo, los desafíos siguen siendo enormes (apagones energéticos regulares, escasez de mano de obra, infraestructuras fragilizadas) y una batalla geopolítica se avecina en el país. «Estados Unidos quiere convertirlo en un aliado estratégico en su confrontación con China», mientras que Pekín lo ve como «su futuro jardín agrícola».
En medio de todo esto, «Europa vacila», advierte Arthur Portier, quien alerta: «integrar a Ucrania en la UE puede ser un shock agrícola si no se hace inteligentemente, pero no integrarla corre el riesgo de verla dirigirse hacia otras esferas de influencia».
Brasil, ¿futuro modelador de las normas mundiales?
Caroline Rayol, analista estratégica senior de inteligencia del Grupo ADIT, revisó el ejemplo de Brasil, cuyo futuro poder, según ella, no radicará solo en lo que produce, sino en su capacidad de influir de manera duradera en las reglas del juego, incluidas las normas de sostenibilidad, trazabilidad, certificación, acceso al mercado y finanzas verdes.
Para convertirse en un «modelador de las reglas», estima que el país debe establecer una «estrategia de influencia a largo plazo» basada en un alineamiento de actores públicos y privados en torno a una trayectoria clara.
Externamente, la idea sería «construir alianzas que vayan más allá de los reflejos de competencia, incluyendo a la industria europea y americana. Estos actores siguen siendo rivales en algunos mercados pero pueden compartir intereses convergentes, especialmente en el papel de la agricultura en la transición climática y energética».
«O Brasil tiene éxito en esta coalición y se convierte en un pilar estructurador de la gobernanza agroclimática mundial, o permanece poderoso pero cuestionado, enfrentando barreras no arancelarias», pronostica.
Tan solo el 10 % de las tierras cultivables de la RDC están siendo explotadas en la actualidad
Respecto a la RDC, es «una elección que puede parecer un tanto sorprendente», concede Sébastien Abis. Es uno de los países más pobres del mundo, afectado por conflictos territoriales persistentes, pero varias de sus características lo convierten en un pivote imprescindible.
Es el segundo país africano más grande, su población se ha triplicado en treinta años y se espera que se duplique de aquí a 2050, convirtiéndose en uno de los «grandes gigantes demográficos del planeta». Cuenta con recursos hídricos en una región que carece cruelmente de ellos, posee la segunda selva tropical más grande del mundo después del Amazonas, y enormes reservas de minerales estratégicos, especialmente cobalto y cobre.
Sobre todo, su potencial agrícola es notable: la RDC tiene acumuladas 80 millones de hectáreas de tierras cultivables, de las cuales solo el 10 % se explotan actualmente.
«Tenemos un amplio margen de desarrollo y progreso», destaca Sébastien Abis. Para él, «la industrialización a través de la agricultura y los productos forestales» permitirían al país basar su crecimiento en recursos diferentes a los minerales, aunque plantearía interrogantes sobre la gobernanza y las relaciones con los países vecinos.
Más allá del Cubita, el experto mencionó el «posicionamiento de la UE» en «este mundo que se tensa geopolíticamente y climáticamente»: debe «repensar su planificación estratégica e interrogar el lugar que otorga al sector agrícola, que se encuentra en el centro de un tema de competitividad sostenible», argumenta.
El contexto presupuestario complica la ecuación: «la Política Agrícola Común tendrá que coexistir con los gastos militares y de seguridad que Europa está redirigiendo», incluso cuando el continente se enfrenta a eventos climáticos cada vez más frecuentes que ponen a prueba la eficiencia productiva de sus agricultores.
*Los Brics: grupo de países emergentes compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que se unieron a principios de 2024 por Irán, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Etiopía, y en 2025 por Indonesia. Su objetivo es contrarrestar las potencias económicas del G7.





