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El hiper turismo o la exageración mundial

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El hiper turismo no debe confundirse con las vacaciones tradicionales. Mientras que estas últimas históricamente representan una conquista social dedicada al descanso y la revitalización, el hiper turismo es el resultado de un sistema globalizado basado en la exageración. Este fenómeno se caracteriza por una intensificación extrema de la movilidad donde la búsqueda de lo «siempre más» prevalece sobre el significado mismo de la experiencia. Varios motores alimentan esta dinámica: el crecimiento demográfico mundial, el auge de la sociedad de consumo y un capitalismo poco regulado que busca un beneficio ilimitado. Hoy en día, el turismo coloniza cada rincón del planeta, desde las cimas del Everest hasta las zonas de desastre como Chernóbil, e incluso llegando a la Antártida.

Una expansión facilitada por las herramientas digitales.

Este «capitalismo de plataforma», como lo llama Rémy Knaffou en su obra, con actores como Airbnb, ha convertido las viviendas en productos financieros optimizados, mientras que las redes sociales dictan ahora los deseos de viaje a través de una búsqueda de visibilidad social e imágenes «instagrammables».

Esta lógica de crecimiento infinito ahora se encuentra con barreras físicas y sociales cada vez más difíciles de ignorar. En el plano social, el hiper turismo crea fracturas profundas al transformar radicalmente el mercado inmobiliario en detrimento de los habitantes locales. Paralelamente, el impacto ecológico del sector se vuelve insostenible. El turismo es responsable de aproximadamente el 8,8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, principalmente a causa de un tráfico aéreo cuyo crecimiento previsto es incompatible con los objetivos de descarbonización. Incluso los entornos más frágiles sufren las consecuencias de esta presencia humana. Esta tensión inevitablemente conduce a una creciente hostilidad de las poblaciones locales, que se organizan en redes para defender la habitabilidad de sus ciudades frente a la «turistificación».

El turismo, un desafío democrático y político.

Actualmente, el sistema opera bajo una desresponsabilización de los actores que capturan las ganancias sin asumir el costo de los daños causados. Romper con el hiper turismo implica pasar de una lógica de rendimiento a una lógica de territorios equilibrados, donde se prioriza el bienestar sobre el crecimiento del número de visitantes. Esto supone establecer límites voluntarios a la capacidad de alojamiento, como ya lo hacen algunas estaciones o regulaciones, y reducir la dependencia de los vuelos de larga distancia a favor de clientes nacionales o europeos que utilicen medios de transporte de bajas emisiones como el tren. El poder público también debe reinvertir en el campo de la justicia social regulando firmemente las plataformas digitales para proteger la vivienda permanente y promoviendo un turismo popular más solidario. Finalmente, el viaje ya no debería considerarse un derecho absoluto e ilimitado, sino el ejercicio de una responsabilidad individual, invitando a cada uno a preferir la escasez, la proximidad y la moderación para preservar la habitabilidad de la Tierra.

PARA SABER MÁS: Rémy Knafou, «Hypertourisme. Le tourisme à l’épreuve de sa démesure» en las ediciones du Faubourg.