Inicio Espectáculos Christian Zacharias (2/5): Me di cinco años para vivir de mi piano

Christian Zacharias (2/5): Me di cinco años para vivir de mi piano

18
0

Christian Zacharias explica que su relación con el piano siempre ha sido guiada por su apego a la música en sí misma, mucho más que al instrumento: «Yo estaba ávido de conocer y sentir esta música. Quería tocar con un amigo violinista, quería leer las sonatas de Mozart. Mi sonoridad se desarrolló bastante rápido a partir de allí. Intenté imitar la sonoridad de Michelangeli en sus interpretaciones de Beethoven, Emil Gilels también, pero no lo logré, su sonido es imposible de imitar.» Esta pasión ha estado acompañada desde el principio por una formación completa, que combina piano, estudio de armonía, contrapunto y análisis.

En paralelo a sus estudios de piano, comienza la dirección de orquesta con Heinz Karl Gruber. Inclusive duda entre el piano y la dirección, esta última le pareciendo por un tiempo más segura: «Como director, teníamos más posibilidades de éxito». Pero después de ganar el segundo premio en el Concurso de Ginebra, elige dedicarse al piano: «Me di 5 años para vivir de mi piano.»

Continuó su formación con Vlado Perlemuter en París, con quien descubrió la rigurosidad: «Es un intérprete que amaba profundamente, sabía que quería trabajar con él desde que lo escuché en Chopin. Es bastante austero cuando lo conocí, pero aprendí mucho de él. Casi aprendí más acerca de la precisión y la disciplina en sí mismas que de Chopin. Eso es lo que estaba buscando finalmente, tocar Chopin pero sin florituras. Hay que saber honrar las grandes obras.»

Si los concursos han sido etapas importantes en su carrera, recuerda que los resultados no son suficientes para definirlo: «Ganar un concurso no siempre es garantía de éxito. Por ejemplo, llegué hasta la segunda ronda de un concurso sin obtener premio, pero esta actuación de todas maneras me permitió recibir propuestas de conciertos.» Hace hincapié en la importancia del fracaso y la duda en la práctica musical, considerando la exigencia interior como vital: «¡Hay que estar insatisfecho! La historia de un artista es la historia de su insatisfacción eterna.»