La sede del BCE, en Frankfurt. (Crédito: BCE)
Por Claudia Fontanive-Wyss, Gerente de Cartera en Vontobel
La Banca Central Europea (BCE) ha reconocido recientemente que el conflicto actual representa un riesgo importante, pero no ha revertido su estrategia monetaria. En cambio, la BCE ha adoptado una postura más reactiva y basada en datos, suspendiendo la trayectoria de normalización de su política en lugar de revertirla. Ante perspectivas económicas más débiles, es poco probable que se produzcan nuevas subidas de tipos.
Se espera que la BCE mantenga su posición actual, utilizando una retórica restrictiva para preservar su flexibilidad y evitar una acción prematura. La presidenta Lagarde ha puesto énfasis en la «gradualidad» y la «opcionalidad» en las comunicaciones de la BCE, con el objetivo de evitar que el banco se quede rezagado mientras protege el crecimiento económico.
La inflación sigue siendo la prioridad central de la BCE para las próximas reuniones. La estabilidad de los precios es su principal mandato y, con expectativas de inflación bien ancladas -como lo reflejan las medidas de mercado como el 5Y5Y-, es probable que la BCE se abstenga de subir los tipos.
Los encargados monitorean la inflación total y subyacente, el crecimiento salarial, el impacto de los precios de producción y las expectativas basadas en encuestas y mercado. Estos elementos son críticos, ya que los precios de la energía y alimentos son particularmente vulnerables al conflicto.
Aunque la inflación es prioritaria, la BCE también observa el crecimiento, el empleo y otros objetivos sociales más amplios, estrechamente vinculados a sus metas de estabilidad de precios. Las últimas proyecciones del personal indican un crecimiento mediocre, reforzando la necesidad de actuar con precaución.
La duración del conflicto tendrá una influencia significativa en las perspectivas económicas de Europa. Si se resuelve rápidamente, los precios de la energía podrían caer a alrededor de 80 USD por barril, las interrupciones en las cadenas de suministro se atenuarían y el crecimiento podría acelerarse, aunque en base a un nivel inferior al inicialmente previsto para 2026.
Las presiones inflacionarias deberían moderarse y los spreads de crédito europeos, que se han ampliado debido a la incertidumbre, deberían reducirse. Si el conflicto persiste, los altos precios de la energía obligarían a Europa a adaptarse mediante un aumento de importaciones de GNL y una disminución de la demanda.
La BCE mantendría sus políticas estables y seguiría monitoreando la situación. Una escalada grave -actualmente no anticipada por los mercados- llevaría la inflación por encima de los objetivos a medio plazo, lo que podría obligar a la BCE a endurecer su política en medio de una debilidad económica, afectando a los sectores energéticos y las economías más vulnerables.
Para 2026, es poco probable que la BCE suba sus tipos en las condiciones actuales. El escenario central prevé una o dos bajadas de tipos en la segunda mitad de 2026, siempre que haya evidencia clara de que la inflación converge hacia el objetivo del 2% y que las perspectivas de crecimiento se estabilicen. Cualquier baja probablemente ocurriría solo después de la confirmación de progresos por los datos, por lo que a principios de 2026 sería demasiado pronto para tales movimientos.
La BCE podría recurrir a su Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI) si los spreads de deuda soberana se amplían, siendo Francia e Italia los países más expuestos debido a sus déficits presupuestarios y vulnerabilidades económicas. Francia enfrenta incertidumbre política y baja confianza empresarial, mientras que la dependencia energética de Italia y la debilidad de sus exportaciones la hacen vulnerable a choques externos.
Si la inflación aumenta, las herramientas de la BCE siguen siendo monetarias, incluyendo QE, QT, TPI y TLTRO, pero no tiene poderes fiscales directos. Sin embargo, los gobiernos nacionales han mostrado una mayor voluntad fiscal, como lo demuestra el consenso sobre rearme en la cumbre de Bruselas en febrero de 2025 y las iniciativas renovadas para la soberanía energética. Este mayor activismo fiscal apoya una recuperación coordinada y aligera la carga de la política monetaria. La BCE ha instado a los gobiernos a seguir el informe de competitividad de Draghi para reformas estructurales y fiscales, y el impulso para estas reformas es más fuerte que hace dos años.
En resumen, el enfoque cauteloso y basado en datos de la BCE, respaldado por una comunicación cuidadosa y una mejor coordinación fiscal, es adecuado para el entorno actual. La flexibilidad y la capacidad de adaptarse a los riesgos cambiantes serán esenciales a medida que los decisores trabajan para mantener la estabilidad y respaldar la recuperación europea a lo largo de 2026.


:fill(black)/2026/04/28/69f0da5ad048d506764064.jpg)




