La escritora Petra Morsbach se hizo conocida a principios de los años ochenta en Rusia. Después de estudiar eslavística en Múnich, se mudó por un año a Leningrado para investigar en el instituto teatral local. Al recordar esa época, tiene en mente imágenes de una primera hostilidad (colas en las tiendas de comestibles, casas y palacios en ruinas, un frío irreal) pero también escenas de una calidez sin límites al conocer a las personas y visitar sus hogares. La calidez en lo privado contrastaba fuertemente con la frialdad en público. Al viajar entre el Este y el Oeste, Petra Morsbach también actuaba como mensajera, llevando ropa descartada por emigrantes rusos en Alemania Occidental para venderla en el mercado negro de Leningrado. Así, la estudiante de 25 años se integró en la sociedad rusa y escuchó historias de vida que luego se convirtieron en la base de su primera novela, «De repente es de noche», una extensa obra de más de 700 páginas que narra más de 60 años de la Unión Soviética. Cuando la novela se publicó en 1995, el imperio acababa de colapsar y Hans Magnus Enzensberger la elogió como el «Alexanderplatz ruso», vendiéndose muy bien y aportando una nueva y peculiar voz a la literatura de habla alemana.







