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Modernizando Operaciones de Transporte Motorizado del Ejército para Logística Controvertida: CDL, CLH y Distinción Combatiente en la Guerra Irregular

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«Claramente, la logística es la parte difícil de luchar en una guerra.»

– General de División E. T. Cook, Cuerpo de Marines de los EE. UU., noviembre de 1990

La capacidad del Ejército para mantener fuerzas dispersas en entornos disputados será un factor decisivo en conflictos futuros. A medida que los adversarios desarrollan capacidades antiacceso / denegación de área cada vez más sofisticadas y explotan la ambigüedad de la guerra irregular, el modelo tradicional de transporte en motor del Ejército, centrado en la capacidad del operador de transporte motorizado orgánico 88M y en convoyes militares altamente visibles, enfrenta desafíos operativos, doctrinales y éticos crecientes. Este artículo aboga por un esfuerzo integral de modernización centrado en tres iniciativas mutuamente reforzantes: establecer la certificación de licencia de conducir comercial (CDL) como un requisito básico para todos los soldados 88M; expandir el uso de activos de transporte en línea comercial (CLH) adquiridos localmente por los comandos combatientes; y reevaluar la definición y visibilidad de los combatientes militares a medida que las operaciones de sostenimiento se mezclan cada vez más con las redes logísticas civiles. Estas reformas fortalecerán la preparación, mejorarán la capacidad de supervivencia y garantizarán que la empresa de sostenimiento del Ejército siga siendo efectiva y legítima frente a amenazas en evolución.

La empresa de sostenimiento del Ejército está entrando en un período de transformación profunda. El entorno operativo descrito en las operaciones multinivel (MDO) y las operaciones de combate a gran escala (LSCO) se caracteriza por una logística disputada, formaciones dispersas y adversarios que comprenden que interrumpir las líneas de suministro puede detener las fuerzas de maniobra sin enfrentarlas directamente. La capacidad del Ejército para mantener el poder de combate en grandes distancias y bajo una amenaza persistente determina si los comandantes pueden mantener el ritmo operativo y aprovechar las oportunidades en el campo de batalla.

Sin embargo, el modelo actual de transporte en motor del Ejército fue construido para una era diferente, en la que grandes convoyes militares claramente identificados se desplazaban por rutas predecibles con un riesgo relativamente bajo. El entorno operativo de hoy es mucho menos indulgente. Los adversarios pueden detectar, apuntar y perturbar nodos logísticos con una velocidad sin precedentes. Explotan a las poblaciones civiles, se mezclan en redes comerciales y apuntan deliberadamente a formaciones de sostenimiento como activos de alto valor.

Para enfrentar estos desafíos, el Ejército debe modernizar cómo entrena, equipa y emplea sus fuerzas de transporte en motor. Tres problemas destacan como urgentes e interdependientes: la necesidad de profesionalizar a los soldados 88M a través de la certificación de CDL; la expansión de las capacidades de CLH adquiridas localmente para aumentar la capacidad, flexibilidad y supervivencia; y una reevaluación de cómo se identifican y protegen las fuerzas de sostenimiento en entornos de guerra irregular donde la distinción entre combatiente y civil es cada vez más difusa.

Este artículo examina cada uno de estos problemas en profundidad, argumentando que representan no reformas aisladas, sino componentes de una transformación más amplia en cómo el Ejército conceptualiza y ejecuta operaciones de transporte en motor en entornos logísticos disputados.